sábado, 18 de septiembre de 2010

Rebeldía.






En mis largos años de escritor esto no me había ocurrido jamás. Mi personaje masculino se ha sublevado. No acata mis normas. He intentado discutirlo con él pero no atiende a razones. La mujer es hermosa, lo sé, así la he forjado yo en mi imaginación. La he creado etérea, delicada, pero con una gran fuerza interior, insumisa, valiente y compleja en sus sentimientos más profundos, algo oscura quizás. Él se ha enamorado de ella, así lo previne, pero ahora el desenlace de la novela exige su fallecimiento. En una clara noche de luna ella debía arrojarse por la ventana de su cuarto en un acto suicida y desesperado. Final romántico y adecuado, puesto que lo ejecutaba por un amor de todo punto imposible e inaceptable. Nadie escucharía sus lastimeros requiebros a la luna, ya que el lugar se hallaba deshabitado, no obstante trasladé a todo el servicio a la gran casa de campo, junto al mar. Él debía encontrarse, en ese justo momento, junto a la orilla, recogiendo erizos de mar, extasiado por la contemplación del paisaje, y anotando en su diario la belleza estremecedora de las prímulas en flor; de los verdes y altos helechos y de la tristeza vertiginosa del acantilado, donde tantos corazones han suplicado perdón, arrojándose después a un mar silencioso, que los recibía con las fauces abiertas. Pero no fue así, pues él escuchó su lamento envuelto en la brisa marina y acudió presto a salvarla. ¿Qué he de hacer? ¿Qué impedimentos debo crear entre su camino y el de ella? ¿Debo extraviarlo, acaso, entre los árboles y la belleza montaraz del paisaje, haciendo que la noche se tumbe sobre él? Una ninfa. Esta sería la solución, una criatura deliciosa, salida de las brumas del bosque, al pie de los saúcos brillantes que dan cobijo al arroyo cristalino…
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Cuéntame que sientes

cuando llega la noche,
y te encuentra
ufano, hinchado

deforme, vanidoso,
creador
babeante,
casi dios,
tu boca ensaya una sonrisa divina,
las palmas hacia arriba,
y el ego
por las alturas
dime...
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Dime que sientes
cuando miras a través de los cristales
y el reflejo te desprecia,
cuéntame a que te aferras,
escritor de pacotilla.
Diletante
pavo real.


Estas fueron las palabras pronunciadas por el personaje. Sentencia firme.

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"Empezamos realmente a vivir cuando nuestros personajes y situaciones empiezan a desobedecernos".

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