viernes, 17 de febrero de 2012

Vicisitudes y desdichas de una porrera neófita




Cordelia llena la bañera de agua hasta arriba. Coloca unas velas y apaga la luz. Enmudece el mundo a su manera, que de vez en cuando hay que cerrarle la boca. Quiere estar sola, aunque sus truenos y relámpagos la siguen a todas partes. Los rugidos internos son los peores, cree, y a veces piensa tan alto que mira a su alrededor para comprobar que nadie la escucha. Maria Callas, apoyada en la puerta del baño, se lima las uñas.
Todo perfecto. Decide culminar la dicha con un joint de maria. Tiene un buen amigo que los llama así, es un amigo que utiliza algunas veces una casaca roja, como la de los ingleses. La comprará algún dia, cuando vaya a Londres, dice. Mientras, sólo la viste en su imaginación, que al fin y al cabo es como nos vestimos y vivimos los soñadores. Papel, boquilla, saliva y paciencia. Todo preparado. Cordelia ya ha contado con su grado de inexperiencia, pero le parece asunto fácil esto de liarse un canuto, lo ha visto hacer varias veces.
A medida que lo va elaborando hilvana distraídamente un relato: vicisitudes y desdichas de una porrera neófita, o, ¿qué hubiera sucedido si el bueno de Eastwood hubiese adolecido de un pulso tan inestable e inseguro? Cuenta sus dedos y llega a la desdichada conclusión de que le faltan algunos más para llevar a cabo semejante manualidad. Ella ha desarticulado ya muchas bombas interiores, y siempre ha sabido que cable eliminar.

Siempre es el rojo.

La razón de esa búsqueda de soledad no es otra que ordenar los miles de legajos que se amontonan sobre el despacho de sus asuntos amorosos. Amores con telarañas, a los que el tiempo ha concedido unos derechos adquiridos; otros que acaban de aterrizar sobre la mesa abriéndose paso a codazos. No saldrás incólume de esta batalla, le dice el de los derechos adquiridos al recién llegado, ese que llega con un clavel en la boca. Cordelia está enfadada y lo que le viene en gana es despachar todos esos asuntos.
Cotejar documentación nunca ha sido lo suyo, y no quiere escuchar más alegatos. Prefiere olvidarse.
Pero no se olvida lo que no se conoce. Sí, absurdo y ridículo, pantanoso asunto. 
Suspira. 
El joint no se deja liar, los cogollos de la maria son insumisos y alborotadores, no acatan las vestiduras de un papel opresor y se salen por las costuras. Cordelia llega a la dura conclusión de que no gastará jamás tanta saliva, ni siquiera en temas amorosos. Mira el canuto con rencor y éste la mira a ella, con desfachatez. Un reto. Los contornos amorfos y abultados del canuto le recuerdan a ese caballero de la triste figura y evoca algunos pasajes de aquél que vio gigantes en lugar de molinos. Llevarlo a los labios también es tarea difícil, pues el placer a veces se sujeta con parihuelas y en éste caso el papel no sujeta bien el contenido de ésta lanza, que debiera ser inhiesta. Alberga la ligera sospecha de que la parte que sella el papel la ha puesto al revés. Se ríe de su propia estupidez. Aunque este asunto no es óbice para llevar a cabo la misión. Nada que no solucione una paciencia infinita. 
Gran placer fumar en la bañera, con la Callas paseándose por un escenario lleno de estrellas. Terciopelo imperfecto, su voz.  Niebla repentina, vértigo y mariposas, evasión, huida. Cordelia sale de esa bañera sin ordenar los legajos, que seguirán amontonados mucho tiempo. Pero con la completa certeza de que algún día su pulso será templado, casi, casi como el del gran Clint Eastwood.
Su amigo, el de la casaca roja la llama y le cuenta una peli de Fred Astaire que arranca algunas carcajadas en la buena de Cordelia, que al final ha conseguido desarticular la bomba.







7 comentarios:

  1. Así que mi amiga Cordelia también medita...en un ambiente insuperable. Bañera, velas, música...
    Cómo mola el amigo Beatle.
    Lo pintas tan apetecible que lo hago. Y ahora siento que los joints me pongan tan triste, aunque una amiga dice que eso es porque soy triste, aunque no lo parezca.
    Ordenando amores...menuda tarea!

    Me encanta, Ángela. Es de una naturalidad y una calma asombrosas a pesar de que deja traslucir cierta inquietud.
    Da gusto recrearse entre tus palabras.
    Me dejas asombrado con cada nuevo escrito que leo. Felicidades amiga.
    Ah, los joints también me hacen hablar más de la cuenta. Perdón por el rollo.

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  2. Umm…no sé, Julio. Dices que cuando meditas callas el entorno y sólo oyes tu cuerpo. Yo hago eso mismo. Pero mi cuerpo grita por dentro. A veces hay tanto ruido en mi cabeza, que es difícil imponer el silencio. Esos rugidos interiores, tornados, terremotos, como queramos llamarlos, sólo se sosiegan con una música que al mismo tiempo me sirva de alimento para el alma. Tranquilizando a la bestia, esa es la forma de definir el momento joint+bañera jaja.
    No creo que seas un hombre triste. Creo que en este justo momento lo estás. Pero pasará, ya lo verás. Yo tengo un secreto que te contaré muy bajito: intento sonreír mucho, porque he comprobado que las sonrisas son contagiosas. Un abrazo enorme, amigo mio.

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  3. Algún día se dará cuenta de que por mucho que grite, no le vas a hacer caso, y dejará de gritar. Es que la mente si se entera de que la vas a callar, se pone rabiosa para llamar la atención. Sí, la música ayuda.
    Lo de la sonrisa está genial. Viene alguien de mal rollo y le sueltas una y se queda más suave que la seda. Me encanta la gente que sonríe porque construye un mundo confortable y cálido. Y ya dejo de fumar ;)
    Besos

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  4. Sabios consejos, amigo. Por cierto, te encuentro mucho mejor en esta foto ¿sabes? más animado incluso. Oye, amigo, en la siguiente foto quiero una sonrisa de esas efervescentes ¿vale?
    un beso de invierno.

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  5. Gracias Ángela. Prometido para la próxima.
    Un beso.

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  6. Cuidadín con las velas y los canutos en la bañera, que una se relaja y se aleja demasiado de este mundo. Incluso, las hay que se han alejado tanto, tanto, que ya no pueden volver...

    Muy relajante (casi puedo colocarme al leerlo)

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  7. jajaja se podría dar una larga lista de nombres de gente que se aleja demasiado dentro de la bañera ¿verdad?
    lo malo es cuando se deja de ver la orilla y comienza a dar lo mismo. No es mi caso.
    Analogias, me encantan tus visitas, si supiera que eres de Barcelona te invitaba a unos chupitos. jaja un abrazo.

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