miércoles, 2 de mayo de 2012

El árbol de zapote negro huele a chocolate




   Me han encargado una novela de terror. Algo insólito, original, fresco. Nada de vampiros, ni zombies, ni por supuesto hombres lobo, tampoco momias almidonadas, ni fantasmas encadenados gruñendo por pasillos oscuros. Prohibido los alaridos en las almenas y por supuesto nada de tecnología premonitoria de una muerte concertada. Descartando las patas de mono que conceden tres deseos, las manos disecadas de gorilas y las barcas varadas en mitad de un rio a la deriva entre una niebla silenciosa, poco queda. También están tachados de la lista los relatos que incluyan dientes amarillos en cajitas de madera, tumbas, telequinesia, catalepsia, resucitaciones tardías a la luz de la luna y menos aún la tan explotada mano negra que surge tras los barrotes de una cama empotrada a la pared. Mi editor no quiere saber nada de corazones delatores, de mansiones encantadas, de pasadizos ocultos tras librerías ni sonambulismo femenino. Los ajos, las cruces, la biblia, la estaca, el agua bendita, las palabras en latín, las antorchas, el revuelo nocturno, las batidas a caballo, las turbas enloquecidas, la orilla del rio, la flor, la mano remendada con cadáveres, el aullido. El ojo. 


    ¡Uf! Bloqueado. Estoy completamente bloqueado. ¿Terror sin todos estos aderezos atractivos? ¡Sobre qué cojones voy a escribir! Miro el retrato de mi suegra y me rio. ¡Qué buena novela de terror saldría de ese rictus contraído! Pero su hija se haría un monedero con mi saco escrotal. Mientras tomo el teléfono para implorarle a mi amiga Lola que suba un ratito, observo detenidamente su retrato. Parece un guardia civil con tetas. Lola llama al timbre y la recibo en gayumbos.


   -¿Y tu santa? – me pregunta con una sonrisa enmarcada en esos labios jugosos.

    -En el hospital, con su madre. Nada grave, parece ser que se ha tragado la saliva y se ha envenenado. –Me rio mientras recojo su abrigo y lo cuelgo en la percha. Es una imitación sintética de pantera que resalta su cabellera roja y sus piernas interminables.
    -¿Qué quieres hoy? Tengo un poco de prisa. –me advierte con un mohín coqueto.

    - Con una mamadita me conformo, Lola. – le guiño un ojo y me la llevo al sofá.

   -¿Estás bloqueado? –se desabrocha el jersey dejando sus pechos al aire y me baja los gayumbos.
  - Si. Me han encargado una novela de terror sin los ingredientes principales. –masajeo sus pechos mientras ella acomoda la postura entre mis piernas.

   La observo mientras me lame, mirándome con sus ojos de niña lasciva. Mi verga aparece y desaparece entre sus labios rojos. El espejo del recibidor me devuelve la escena con un reflejo lateral. Un hombre maduro sentado con la polla tiesa y una cría pelirroja arrodillada trabajando sobre ella. 
Lola es colombiana. Huyó de su pueblo una noche de verano esquivando las pedradas, con ese hijo entre los brazos, fruto de la unión con su hermano Victor bajo un árbol de zapote negro. Me confesó que mientras follaban olía levemente a chocolate. Cuando le creció la barriga una vieja le leyó las lineas de la mano y le auguró que se le acercaban malos tiempos y que ese niño sólo le daría problemas. Su hermano desapareció del pueblo, se llevó su hamaca, su machete recolector, y la dejó con la boca llena de arena y un sonido extraño alojado entre las tripas.
   -¿Quieres una cerveza? –le pregunto, abrochándome los vaqueros. Ella se limpia el semen de entre los pechos y me sonríe.
   -No, me marcho, que tengo trabajo. ¿Bajarás a echarle un vistazo a Victor? 
   -¿No me volverá a atacar como la última vez? –saco la billetera pero ella la rechaza.

    El sonido de la puerta se lleva mi respuesta.
Enciendo un cigarrillo observando el brillo nacarado de la luna. Victor. La última noche que bajé a verle se escondió tras el sofá. Su madre me tiene prohibido encender las luces, dice que la oscuridad lo arropa, y lo tranquiliza. Es curioso, nunca lo he visto entero y tampoco he escuchado su voz. Lola no se atreve a sacarlo a la calle, dice que la última vez se escapó tras un gato y encontró a éste muerto tras los zarzales. Nunca lo ha llevado al médico, no le hace falta dice, argumenta que está muy sano.
Cierro la puerta y me guardo las llaves en el bolsillo. Lola vive en el semisótano. Sonrío, recuerdo que siempre me cuenta que mientras come ve caminar a la gente. Si me agacho puedo verles las bragas a las chichís , me confesó un día entre risas. Su puerta es la del final del pasillo a la izquierda, al lado del cuarto de contadores. Apoyo la oreja y no escucho nada. ¿Estará durmiendo? Abro con cuidado y una oscuridad infinita me saluda. Silencio. Entro con cuidado y tropiezo con un objeto redondo, me agacho y lo tomo entre mis manos, es la cabeza de una muñeca sin ojos.
   -¿Victor? -dice su madre que no le gusta que le griten, que esto le enfurece.
    Al principio no veo nada, después mis ojos se acostumbran a la oscuridad y lo veo acurrucado debajo de la ventana, observando el rayo de luna que se refleja en las cortinas. El viento las mueve y Victor intenta atrapar el rayo infructuosamente. Se enfurece por momentos y lanza el biberón contra los cristales. Es algo mayor para tomar la leche de esta manera, pero la forma de su boca no se adapta a las cucharas. Un sonido extraño acompaña al zarpazo de indignación, es una palabra viscosa, un chasquido ininteligible. Me acerco despacio y mis pasos precavidos captan su atención. Me mira los pies y se acerca a olerlos, entonces lo observo con atención. Tiene una cola de puerco que asoma por el quicio de los pañales. Se mueve como un perro utilizando todas las extremidades, pero al llegar a mí se incorpora trabajosamente y me mira con sus ojos amarillos extendiendo la mano. Introduzco la mano en el bolsillo y saco un palo de regaliz que muerdo para dejar de fumar. Lo huele y lo lanza al aire de forma despectiva. Lo miro y me atrevo a ofrecerle mi mano. Se acerca a olfatearla y sin dejar de observarme coloca su mano pequeña entre mis dedos. Me lleva a su lugar preferido y se sienta. También me siento yo. Me señala el rayo de luna. Creo que me lo está pidiendo. Un regalo, eso es lo que quiere. Tomo su cuerpo pequeño y lo coloco entre mis piernas. Pesa poco pero su cuerpo está muy duro y en el cráneo tiene unas terminaciones puntiagudas que me hacen daño en el pecho.
   -¿Sabes, pequeño, que la luna está muy lejos? –encajo el biberón en la extraña abertura de su boca y escucho como succiona. –imagínala como un adorno en el cielo, como un broche imposible de alcanzar. A veces parece una flor de lis y otras una naranja ensangrentada.
Ronronea como un gato. Siento como su cuerpo se abandona poco a poco y me dispongo a acostarlo en la cuna cuando escucho las llaves en la puerta. Es Lola.

    Al volver a casa me siento otra vez frente al portátil. Nada. No se me ocurre nada que contar. Vuelvo a recordar las almenas, los pasadizos secretos y las catacumbas. Las estacas y la sangre.

   La vida real es tan aburrida...








43 comentarios:

  1. Vaya con la vida.
    Me ha encantado el relato, le giras bastante.
    Besos

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  2. Muy buen relato. Me ha gustado. ¡Gracias por compartirlo!
    Besotes!!!

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  3. El hombre elefante II, quizás...
    O acaso, ¿cuántos monstruos hay en esta historia?
    Ángela, te juegas al límite, con un relato plagado de insinuaciones, de acciones explícitas y sin embargo, pletórico de conclusiones.
    Si deseaste dejarnos pensando en él, lo has conseguido.
    Buen logro.
    Un cordial saludo.

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  4. Personalmente me ha encantado esa vida tan rutinaria...la he leido de un tiron...escribes muy bien...un saludo

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  5. Aún sigo aquí atrapado en tu telaraña.
    Salut!

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  6. Que buen relato, me ha en catado esa aburrida vida con falta de inspiración

    Un besote

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  7. Guau, me has atrapado con tu relato !

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  8. margarí, gracias a ti por venir a leer mis majaderías.
    un gusto,
    y un abrazo.

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  9. Arturo, más que monstruos quizás pinto oscuridades ¿no?
    bueno, la vida es bastante retorcida a veces. Otras no, otras es transparente y facilona, pero no en este relato.
    Me gusta como escribes, me gusta como comentas.
    abrazo de este lado del charco.

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  10. Fibo, tanto me gustó tu aparición, que me fui a tu blog,curioseé y me he hecho seguidora tuya, ea.

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  11. Funámbulus, si te quedas para siempre en mi tela de araña me acostumbraré a tu presencia y no te dejaré marchar, tu verás.

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  12. cuarentañera, gracias bella, tengo que pasarme a visitarte, que he andado muy liada. ¿nos tomamos un café?

    :)

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  13. GaMyr, gracias por aterrizar por aquí, por el comentario y me voy corriendo a chafardear tu blog, con tu permiso.

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  14. La leche, tía! Me ha impacatado, de hecho he pensado...esto luego dirá que es de algún escritor. Me ha impactado todo, la descripción, el argumento y el desenlace. Duro e intrigante a la vez. Chapeau!

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  15. Muy bueno....
    Te encargan relatos...a mi que compre dos barras de pan poco hechas...así es la vida...jeje

    Besitos..

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  16. Gracias Ana. Bueno este relatillo forma parte de ese libro que no lee ni Dios jaja
    un placer haberte entretenido, mi chica guapa.

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  17. Carlos, no seas malo. :(
    Yo para vender mi libro le tengo que añadir esas barras de pan jaja.
    un beso enorme, guapetón.
    Chico del perfil romano...

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  18. Chica, eres genial, qué quieres que te diga. Esa cabecita produce unos escritos que no dejan de sorprenderme una y otra vez. Y lo peor que me tienen enganchado. Manejas perfectamente los tres puntales de todo relato que quiere enganchar al lector: sexo, violencia y realidad cruda. Para mí, por lo menos, son los principales y que ya tengo comprobado que son infalibles.

    Me estás dando una envidia mu mala, mu mala, niña.

    Y es que no aprendo oye, sigo acudiendo a leerte.

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  19. Te felicito! Magistralmente escrito, me lo he leido de un tiron. No necesito ni gtos negros, ni vampiros, ni gritos en la cnoche, esto me dio miedo!

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  20. Sin coñas ni marineras. Magistral. De verdad que me he quedado con la boca abierta, por lo que cuentas y cómo lo cuentas, y ese lazo de ironía con que lo atas todo.
    Grandes personajes (Y animales?) en nada, en cuatro palmos cuadrados. Carai.

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  21. Cualquier cosa que diga puede ser usada en mi contra. Tu relato es de la chingada madre que lo parió. Bellísimo. Más tarde iré a por los otros como dicen por allí. Es un honor para mí, tu sabes qué...

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  22. José:

    así que tú también llevas dentro un oscuro pasajero...
    ya, es que no he podido resistir curiosear en tu perfil, cosas de mujeres, ya sabes.
    Gracias, y si me tienes envidia, sólo puedo decirte una cosa ¡me gusta, me elogias, me ruborizo!
    un besazo.

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  23. Ya, Marilyn, si es que siempre lo digo: los mayores terrores están dentro de nosotros. Una puerta cerrada puede ser motivo de una tarde entera de elucubraciones febriles, al menos para mi, que siempre veo cosas donde no las hay, afortunadamente.
    Un abrazo, oye por cierto, me gusta tu blog, volveré a menudo.

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  24. ¡¡Sin coñas ni marineras!!ese es mi Igor, si señor jaja
    gracias chico catalán.
    un beso con saborcito a mar.

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  25. ...de la chingada madre que lo parió... jaja me encanta como habláis por allí, es que os comía a besos.
    Gracias Fernando Garriga. Te acabo de comentar en tu blog, que me encanta, por cierto.

    :)

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  26. A veces las obsesiones no nos dejan ver la realidad. Muy buen relato. Inquietante.

    Besos.

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  27. Que la cruda realidad no te fastidie un buen relato. Es estupendo, gracias.

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  28. muy, muy, pero que muy bien. Da gusto leer algo bueno de vez en cuando. Salu2

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  29. Bom dia! Foi prazeroso conhecer seu trabalho brilhante.
    Abraços
    Sinval

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  30. Tu relato me ha impresionado. La duración exacta, los detalles precisos, la imprecisión calculada de otros tantos, la atmósfera...
    Y lo mejor es que acabas de leerlo y te deja pensando.
    Felicidades y un abrazo.

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  31. Angela, no hace falta que te diga que me fascina leerte, que tus textos siempre me han encantado. Pero este en particular me ha parecido magistral. Ya no sólo por la narración, la historia es impresionante, todo, todos los personajes y las situaciones son descritas sin entrar en detalles morbosos pero dejando clarísimo lo que es una auténtica historia de terror. Hermanos que cometen incesto, un embarazo del que nace un niño ... uffff... el escritor que llama a la puta mientras su mujer está en el hospital con la madre... ¡que fuerte! ¡fantástico!... eres única.

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  32. Teresa, a veces es tan fácil como simplemente mirar a nuestro alrededor. Un gran placer tenerte por aquí.

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  33. Alfred, muchas gracias, nunca intento evadirme de la cruda realidad, a veces sólo la adorno un poco.

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  34. Imsomne, muchas gracias. Te suelo visitar a menudo pero casi nunca sé donde colgarte un comentario.Tu blog es magnífico y lo recomiendo a todos.

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  35. Sinval, muchas gracias por lo de brillante, me sonrojas.

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  36. M..., viniendo de ti es todo un halago, en serio,muchas gracias.

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  37. Maite, mi morena guapa, tus elogios me emocionan. Muchas gracias en serio.
    Se hace lo que se puede, de todas formas soy consciente de mis limitaciones.

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  38. inquietante y reflexivo relato, escribes de maravilla, besos

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  39. Recomenzar, muchas gracias.
    Un abrazo.

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