sábado, 9 de junio de 2012

¡escatológicamente hablando! o... nos echamos unas risas.


Me tocó a mí contar una historia de terror. La botella ya giró en su momento para repartir los besos, ahora tocaban las historias espeluznantes. Yo no soy muy buena contando o mejor dicho inventando historias,  así  que rebusqué en mi memoria cualquier recuerdo que pudiera resultar inquietante. Nunca me ha ocurrido nada que pueda considerarse paranormal o fuera de lo común. ¿Aparecidos a mí? ¡Jamás! Lo más parecido a un aparecido, valga la rebuznancia, es una vez que vi a mi abuela iluminada por la mortecina luz de la nevera, con un camisón blanco hasta los tobillos, los cabellos ralos cayendo sobre los hombros y mirándome con sus ojillos de halcón, todo esto a las tres de la madrugada. Mi susto fue importante. La leche se me derramó por las tetas cayendo sobre mis pies y sólo pude balbucear un ¡carajo, hija, que susto! 


Otro hecho a reseñar que me produjo auténtico pavor  fue un encuentro en la tercera fase protagonizado por un mendrugo de pan. El pan tiene tres fases a saber: comible, aceptable (es cuando tiene esa textura de goma) e inimaginablemente duro, en esta última fase puede utilizarse incluso como  un arma mortífera. Llegado a esta tercera fase, mi menda  lo tira a la basura, no sin antes santiguarme recordando las palabras de mi madre ¡ay, tu nunca has pasado hambre! Pero un día, sí, un día aciago, entré en la cocina y encontré un mendrugo de pan considerablemente grande, chorreando de agua sobre la tabla de cortar las verduras. Con inmensa repugnancia lo tomé con las puntas de los dedos y lo lancé a la basura. Después llegó mi abuelita arrastrando los pies y con gran pericia se colocó sus dientes, que dormían el sueño profundo de la inmersión (para los legos en la materia estaban dentro de un vaso) al lado de la tostadora, lugar muy adecuado, sin duda,  y a la sombra de un apio turgente. 
En fin, después de colocarse esas preciadas perlas sintéticas buscó con regocijo su mendrugo remojado, mientras yo la observaba en el vano de la puerta, expectante. Le dije ¿Qué buscas abuela? Y me contestó que no encontraba su pan en remojo. Le pregunté ¿Qué ibas a hacer con él, quizás unas migas muy ricas? Y me respondió ¡no, no hija, me lo iba a comer con la leche! Bueno, ya no quise preguntar más, la simple visión del pan remojado de agua entre esos labios marchitos, sació cualquier curiosidad que me acometiera en ese instante. 


Pero en mi memoria el hecho que sin duda es digno de incluir en el género de terror es este: una mañana se me hizo algo tarde para acudir a mi trabajo y me levanté de un salto de la cama, agarré la ropa, la toalla y el champú y me precipité corriendo en dirección al cuarto de baño para cumplir con los ritos diarios del aseo. 
Con las prisas no vi a mi abuela. No vi sus pies descalzos, su pelo suelto hasta el culo, su cuerpo inclinado hacia adelante por el peso inexorable del tiempo. Tampoco vi el orinal. No, no vi el orinal, ni el contenido, ni los extraños cuerpos flotantes en el interior, grandes submarinos marrones luchando por subir a la superficie entre el murmullo de papeles arrugaditos con motitas de color marrón. 
No, no la vi, como tampoco vi a mi gata acostada cuan larga es  en mitad del pasillo. Tropecé con mi abuela, y mi abuela tropezó con mi gata, ella maulló escapando, el orinal zozobró en las manos temblorosas, los objetos que antes flotaban en aguas mansas ahora se mantenían a flote luchando entre olas enfurecidas de orín. Rescaté el orinal y para salvar su contenido escatológico de un naufragio seguro lo agarré con fuerza contra mi cuerpo sujetando al mismo tiempo el frágil y quebradizo cuerpo de mi abuela. Pero no vi venir la ola, no mis queridos lectores, no la vi, os lo aseguro. La ola final, la buena, la que dice  jaque mate, la ola de la última palabra. Esa.

¿Me diréis acaso que vuestras historias de terror son más espeluznantes que las mías, por cierto? ¡Ah! Mi abuela, que gran mujer. Aún guardo ese orinal entre mis objetos más queridos.


dedicado a todos los abuelitos y abuelitas, con todo mi cariño.

52 comentarios:

  1. Lo verdaderamente admirable de esta historia es la perseverancia del pasado en la vida de quien la cuenta. A veces, somos indiferentes al naturalismo, pero disfrutamos encontrando hechos reales entrañables que nos recuerdan la literatura de terror...

    Un abrazo fuerte.

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  2. Si que es jodida esa ola escatológica, si, pero no hay nada que una ducha sanadora no pueda limpìar.

    Bonita historia, aterrorizado estoy pensando en el orinal y sus contenidos.

    Un beso,

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  3. Recuerdo, a modo de metamorfosis en el tiempo, por haber cambiado de tiempos, valga también la rebuznancia, que este relato terrorífico me hizo reír y me ha vuelto a entretener.
    Besos, Ángela.

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  4. Te aprecio..pero leer esto justo antes de comer no ha sido una buena idea...arggg

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  5. ese no es un cuento de terror, Ángela.
    Esto es ¡Poesía pura!

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  6. ¿Y quién no es capaz de sonreír tras leer tu relato Angela?...
    Un abrazo en la tarde.

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  7. El conocimiento, pobrecita mi abuela, si lee esto me correrá a bastonazos.
    En la vida cotidiana suceden muchos hechos que podríamos denominar como terroríficos: sólo hay que observar con atención. Mira, por ejemplo, cuando mi gata se queda mirando, durante un buen rato, un punto fijo en la pared, no puedo evitar pensar ¿quien estará ahí?
    o asomarme al mundo muerto de los ojos de una muñeca, una puerta cerrada con un gran silencio detrás. La oscuridad impenetrable..., mil detalles cotidianos. Sólo hay que prestar atención. En este caso este relato no tiene otro propósito que el de arrancaros una sonrisa.

    un abrazo.

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  8. Saudades ¡ya te digo! pues no sabes que alivio sentí después de darme una buena ducha..., pero aún sigo recordando esa ola ¡ay dios!

    jaja un saludito.

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  9. Luis, ya sé que lo colgué en ese foro maravilloso, pero por aquí hay gentecilla que no lo ha leído y me apetecía colgarlo.

    un abrazo y ya mismo me voy a tu blog, a ver qué me he perdido estos días.
    Un besazo, chico sureño.

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  10. Carlos, no me seas tiquismiquis...

    besazo madrileño guapo.

    :)

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  11. Fernando Garriga, amigo mio, eso es que me aprecias mucho jaja
    y ves poesía donde sólo flotan cuerpos extraños.

    un abrazo.

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  12. Rafael, muchas gracias, de vez en cuando nos tenemos que alegrar los unos a los otros, que va realmente bien.

    un besote.

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  13. Como abuelito permiteme que agradezca tu cariñosa dedicatoria...

    Un abrazo.

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  14. Ángela:
    En ambos extremos de la vida nos pasan las mismas escatológicas cosas.
    La diferencia entre unas y otras es la persona que hallamos en el medio. Aquella que puede ser y aun nada sabemos, será la misma que luego fue y hoy añoramos.
    Quizá el terror verdadero sea, Ángela, el ver que podemos llegar a ser como la anciana abuela...
    Por las dudas, hoy he roto los calendarios que había en casa.
    Un beso, desde el hoy.

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  15. Yo he disfrutado con el relato, además, me has hecho recordar unos pasajes de mi infancia ya tan lejana, donde esas cosas se hacian con normalidad en el orinal y se volcaba en un cubo grande de metal exprofeso para eso, una vez se había hecho la recolección de toda la familia...estaba el recorrido mañanero de todas las familias de la calle, cada una con su cubo a verterlo en el basurero adecuado para eso en la parte del pueblo que nos correspondia...tambien habia una fuente de agua, se aprovechaba para enjuagarlo, y se traia agua para la casa en el mismo viaje y mismo cubo...así que fijate lo que me has hecho recordar: LO VIEJO QUE SOY... Un besote preciosa.

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  16. Pablo García, tu no eres un abuelito, eres un hombre guapo y atractivo, ea.

    un saludo afectuoso.

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  17. Arturo, tienes toda la razón del mundo. El terror se encuentra ahí, en eso que dices, en cómo andaremos nosotros cuando lleguemos a esa edad.

    un abrazo desde el hoy.

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  18. Fibo, si me lopermites puedo hacer el relato de terror más escabroso con esos datos que me aportas. es una de las cosas más terroríficas que he leído mon dieu

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  19. Unos relatos "terroríficos" que me han arrancado risas y me han hecho recordar cuando de niña en el pueblo de mis padres teníamos que ir a la cuadra. Ahí si que pasaba miedo... por las gallinas que venía a picotear, por los ratoncillos que se movían bajo la paja, por el silencio y medio oscuridad si era de noche, pero sobre todo por pensar qué abría debajo justo cuando ponía el pie.

    Un placer leerte.
    Besitos.

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  20. Teresa, que tiempos tan tortuosos aquellos jaja
    la verdad es que vuestros comentarios me están encantado ¡que grandes sois!

    mil besos

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  21. No hay nada como unas buenas risas a estas horas, con el lunes en ciernes. Historias de estas, todo el mundo tiene alguna.

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  22. Estou passando seguindo seu blog e adorei conhecer suas postagens e ver que temos amigos em comum.
    Linda semana pra ti beijos no coração.
    Evanir.

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  23. Hola,Angela!!

    Me he reido mucho con tu relato,escatologico,pero enormemente gracioso jajajaja.
    El momento de terror cuando viste a tu abuela de esa guisa ha sido genial,lo he vivido.

    Tu historia me ha recordado cuando antaño los orines eran lanzados a la calle, sin mirar muy bien sobre dónde o quién caían,al grito de
    !agua va!.

    Afortunadamente eran otros tiempos y exceptuando los accidentes fortuitos como el q tuviste tu,el progreso nos ha librado de estos riesgos,a dios gracias jajajaja.

    Un relato fantastico,gracias por las risas.Muchisimos,besitos.

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  24. Jose Cruz, gracias como siempre por tu presencia, y dime, ¿me contarás alguna historia de estas? jaja

    un abrazo.

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  25. Evanir, muchas gracias, también yo soy ahora seguidora de tu blog. Un placer, guapa.

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  26. Lady Celeste, al final la que se está divirtiendo muchísimo soy yo, escuchando vuestras historias jaja

    sois geniales, dios mio.:)

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  27. Fantástica historia escatológica que te hace esbozar no una sonrisa sino una gran carcajada.

    Genial historia, como siempre.

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  28. Es magnífico, Ángela. Me parece que tiene mucho más de tierno que de terrorífico, aunque no debió ser muy agradable...
    Que lleguemos a la vejez con el ánimo sereno, la sonrisa intachable, la pluma en la mano y...sin orinal.
    Un montón de besos, ojitos de mar.

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  29. Pues chica, yo me he reído un montón.
    Me ha parecido una genialidad.
    Besos

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  30. Pues te diré que el otro día pillé a mi abuelo cambiándose el paquete. Más que la fotografía de la escena, ya de por sí impactante, fue ver sus huevos a la altura de la rodilla. Y me vino a la cabeza aquello que le decía mi abuela "es que tienes unos cojones". Joder, y tanto. Lo entendí todo.

    Ep, ese orinal es de museo. Bonito recuerdo.

    Un beso.

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  31. Angela, gracias por tu huella en mi blog.

    Un relato muy bello.

    Un beso.

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  32. Ángela, un relato para disfrutar, divertido y con ese aire de mito, de la transmisión que se hacía de los hechos cotidianos hasta convertirlos en grandes leyendas.
    Creo que detrás de cada historia rescatada de la vida real hay una gran leyenda.
    Un beso.
    HD

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  33. ¡Hola Ángela!

    Si te pasas por mi blog te he dejado un regalo bloguero en una de mis entradas.

    Besos y buena noche.

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  34. Analogias, muchas gracias niña, me alegro de ser la dueña de esa carcajada tuya.

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  35. Julio, amigo mio, pues no sé qué decirte, tal como yo lo veo..., en fin que yo ando tan mal de la olla que igual me coloco el orinal en la cabeza y me voy a comprar el pan. Pero esto será cuando sea una abuelita, ahora no, ahora tiro de la cadena del water como una niña buena jaja
    aunque en mis previsiones futuras yo tengo asumido que seré una yaya moderna, de las de tejanos y canutos de marihuana para el dolor de las articulaciones.
    un beso, guapo.

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  36. mientrasleo, muchas gracias.
    Un abrazote.

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  37. mágico, la imagen de tu abuelo y sus pelotas balanceándose al viento es altamente perturbadora, pero muy tierna. Pobrecillos, son como árboles derrumbados, que un día fueron orgullosos y altivos.
    son dignos de admiración.

    un abrazo mágico.

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  38. Maria, muchas gracias, tu blog es estupendo.

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  39. Giancarlo, feliz jornada para ti también, y muchas gracias por pasarte por aquí.

    un beso.

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  40. Humberto, creo que a estos recuerdos no hay que dejarlos escapar. Realmente están algo exagerados, pero mucho de lo que cuento aquí es cierto.

    lo que no se cuenta se olvida.

    un abrazo.

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  41. Teresa, ahora mismo voy a ver ese regalo tuyo.

    y anticipadamente te doy las gracias.

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  42. Querida Amiga.
    Estou passando para deixar meu carinho também desejar um feliz final de semana beijos no seu coração.
    Evanir..

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  43. Evanir, muchísimas gracias, también yo te mando cariño y un buen fin de semana.

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  44. Son recuerdos, tiernos y graciosos a la vez

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  45. Lapislázuli, gracias. Siempre es agradable volver la vista atrás y recordar a aquellos que dedicaron su tiempo a querernos y cuidarnos, ellos se lo merecen todo.

    los abuelos son maravillosos y muy sabios.

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  46. Tu relato es más cómico que terrorífico, con sus matices escatológicos, como buen humor español, pero sin duda le has imprimido una buena dosis de intriga y emoción, con ese orinal en equilibrio y el tsunami amenazando la costa de la nausea. Genial, Un abrazo.

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  47. Lazaro, muchas gracias. Bueno la intención al escribirlo era alteraros un poco los nervios jaja, ya sabes, una gran dosis de humor escatológico, pero aderezado con una buena dosis de ternura.
    intriga, ¡claro! imagina ese tsunami rugiendo salvaje y mirándome de frente jaja

    un abrazo.

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  48. Bueno, sospecho que aquí no hay relato inventado (aunque no debiera). Es decir, es un recuerdo casi real de la autora. Por lo tanto no deja de ser una anécdota que nos cuentas, muy bien por cierto. Los que hemos usado orinal sabemos de que hablas. Me has hecho pasar un rato algo divertido, por la situación. Venga, nos leemos.

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  49. Ximens, realmente tus sospechas son ciertas. El relato está un poco exagerado pero las bases son reales.
    Tengo recuerdos muy divertidos de mi abuela, y la mejor forma de no perderlos es escribirlos, si además a vosotros os ha divertido leerlos eso me hace sentirme muy afortunada.

    muchas gracias. Nos leemos.

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  50. Angela, el relato me pareció genial, más allá de lo escatologico, pude vivir tu historia, lo hiciste sin golpes bajos y con mucha altura.
    Este me lo guardo.
    Te dejo un fuerte abrazo desde el otro lado del charco.

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  51. El molí.. la parte escatológica es un adorno exagerado para arrancaros una carcajada o cuanto menos una sonrisa, pero me gustaría que os quedéis, sobre todo, con la parte tierna.
    me quedo con ese abrazo lejano, que no lo es tanto.

    otro para ti.

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