viernes, 10 de agosto de 2012

Lujuria en la madrugada


La primera vez que la vi  no me lo podía creer. 

Aquella noche no podía conciliar el sueño, daba vueltas y más vueltas entre sábanas sudorosas, pero el ansiado sopor no acababa de llegar, y, para colmo, María, mi esposa, roncaba furiosamente como un corsario borracho abrazado a un barril de cerveza. No exagero cuando os digo que incluso el vaso de agua de la mesita vibraba al compás de sus rugidos asombrosos. Incluso la lámpara del techo titilaba asustada y temblorosa ante semejantes gruñidos.  María…, mi hermosa mujer…, ella, que en otros tiempos dormitaba emitiendo unos suaves arrullos de paloma, y yo lo hacía suspirando de placer entre sus pechos de monja rehabilitada, caliente y reconfortado oliendo a dulce de leche. Luego, con los años, sus cabellos largos se batieron en retirada y también sus dientes de nácar, que antaño mordían mi carne dejando en ella perfumes a menta recién cortada. Ahora las perlas de antaño habían sido sustituidas por unos dientes extraños que todas las noches acababan en el fondo de un vaso de agua ¡En este vaso que ahora tirita estremecido!


Y entonces apareció ella.


Salió de entre las brumas, en esa frontera peligrosa que separa el sueño de la vigilia. Irreal y magnífica, se acercó despacio hasta mi lecho; los tirabuzones de su pelo se enredaban, caprichosos, alrededor de sus pezones de cereza. Me lamí los labios con lujuria ante esa imagen completamente desnuda, virginal, apetitosa.  María interpretaba ahora una melodía a pleno pulmón, así que le tapé la cara con la sábana y abrí los brazos a la mujer de mis sueños. Ella plegó sus alas blancas, y se montó, libidinosa, sobre mi cuerpo palpitante, acoplando perfectamente su carne a la mía enfebrecida, engulléndome hasta el fondo con su sexo y con sus ojos de obsidiana. Me cabalgó despacio, fuerte, incansable, hasta que todos los jugos de mi cuerpo estuvieron en peligro, sin dejar de mirarme, sonriendo. Luego desplegó sus alas nuevamente y alejándose etérea y sutil me mandó un beso perfumado de cerezas, como promesa de otra noche de lujuria.


La siguiente noche fingí un dolor de cabeza migrañoso, y me acosté temprano. No sentí a María a mi lado y, extrañado, palpé su lugar de la cama: estaba helado y vacío. 
Nuestro lecho parecía flotar en un lago oscuro envuelto en unas brumas inquietantes; cisnes blancos y flores con ojos flotaban alrededor de mi lecho. Ella emergió entonces de las aguas, con las alas mojadas y los cabellos cubiertos de animalillos submarinos. Abrí los brazos de nuevo,  ella me sonrió deliciosa, se acostó a mi lado y derramó sus cabellos sobre mi deseo, succionándome la vida entera, bebiendo de mí, incansable. Vacío de jugos, pero con una sonrisa en la boca, anduve durante días consumiéndome poco a poco, débil pero enamorado.

Un día me fijé en María y la vi delgada, ensimismada y ruborosa, me extrañó su apariencia etérea, ¿Dónde estaba mi corsario con rulos en el pelo? Esa noche después de mí encuentro amoroso decidí esconderme para vigilarla y sucedió algo impensable y descabellado: lo vi aparecer con su gran falo inhiesto. María abrió las sábanas y las piernas a esa bestia con forma de hombre y demonio, que la poseyó repetidas veces hincándole los dientes malignos en el cuello para inmovilizarla, ella gemía agarrada a los barrotes del lecho, mientras yo me agarraba el corazón con las uñas ¿Qué extraños sucesos ocurrían en nuestro lecho al llegar la noche? 


María se despertó lozana y fresca como una rosa, con una sonrisa maravillosa recién estrenada. Su rostro lucía ojeroso pero extasiado, hasta creí notar sus pezones reventando bajo la camisola de dormir, ¿Qué estaría imaginando? 
Los celos comenzaron a morderme, y seguí vigilando su rutina de mujer. Se perfumó los pechos y la cintura antes de ir a dormir; lavó sus genitales con tomillo y hierbabuena, cepilló sus cabellos hasta dejarlos brillantes y se pintó los labios del color de las amapolas.


El volvió esa noche envuelto en una capa roja, desnudo, ella miró lo que él tenía entre sus piernas y abriendo muchos los ojos reclamó su placer. Las uñas de ella en la espalda oscura del íncubo trastornaron mis entrañas, sus gemidos, sus ojos en blanco, su explosión demencial. Jamás había visto a María retorcerse así. Cuando él se marchó mi esposa yacía recostada en la almohada, suspirando plena y florecida. ¡Por todos los íncubos y súcubos del infierno, que esta situación tenía que acabar!


Por otra parte, nunca vi a mi esposa tan feliz. 






45 comentarios:

  1. Ni él era iguál en las últimas noches...la monotonía se había apoderado de ellos. Y cada uno vagaba cada noche en cuerpos deseados y anhelados de otros tiempos olvidados.
    Se preguntó...¿si yo soy feliz y ella también?...dejemolo así, estos cuerpos son dos dias, disfrutemos esos momentos, luego nos lavamos y todo queda intacto y sin huellas de ningún paso.
    Te has marcado un buen texto, de muchas parejas de noches anodinas...un besote preciosa.

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  2. Una vez más un precioso relato por el que vale la pena esperar un poco a volver a saborear el contenido de tus letras.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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  3. Estupendo relato, has plasmado con detalle la realidad de muchas parejas que vegetan, sin sentido.
    Un abrazo.

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  4. en vez de fijarse en su propia íncuba lo carcomen los celos y se pierde el placer propio por mirar lo que le hacen a su mujer. Vaya pareja, ¿me pasás el numero de ese instituto geriatrico asi termino mis dias allí?

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  5. Es que cada uno ha buscado placer en otro lado, la rutina produce abandono como el de María.
    Buen relato Ángela, muy llevadero.
    Te dejo un beso

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  6. Este relato lo he leído antes, no sé si será un deja vu o algo extraño.
    Sea lo que sea, he disfrutado plenamente e incluso, he sentido el placer transmitido o deseado, desde mi posición de varón, por supuesto.
    Besos y más besos, Ángela.

    PD- Sé que tienes un libro, me gustaría saber cómo puedo hacerme con él.

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  7. Excelente relato, Angela, me ha encando lo que has transmitido.
    Un abrazo,

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  8. Ayyy ya me encantó cuando lo leí en búho, pero no he podido evitar leerlo otra vez. Fantástico relato y a mí que me gustaría conocer a un íncubo de esos... fíjate tú... jajajaja.
    Besazos.

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  9. Fantástico, tienes un dominio y una fluidez a la hora de usar las palabras... me encanta y en parte lo envidio, ¡de manera sana claro¡.
    Un abrazo.

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  10. Sublime, como todos tus relatos. Me encantan esos sutiles toques que das a los aromas encarrilando mi imaginación.

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  11. Ángela:
    Viene a mi memoria una frase que le atribuyo a Freud, aunque no estoy tan seguro de su autoría; tal frase dice que: en una cama nunca hay menos de tres amantes.
    En tu historia tal número asciende a cuatro.
    Muy bien escrito, deja traslucir las fantasías de los integrantes del matrimonio envejecido.
    Un gran abrazo.

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  12. Estupendo relato, la fantasia propia paso para observar la de la esposa
    Que imaginacion!!!!
    Un abrazo

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  13. Fibo, como bien ha parafraseado Arturo: en una cama nunca hay menos de tres amantes.Y da igual lo mucho que se quiera al compañero o lo mucho que se le respete,siempre se cuela algún íncubo, algún súcubo por ahí.
    Además la mayor infidelidad comienza en el pensamiento, y al final realmente todos somos infieles..., un poquito.
    Gracias,socio. Un besazo.

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  14. Rafael, muchas gracias. Para mi también es un gran placer leerte a ti. ¡Que contenta estoy de andar por estos páramos literarios! estoy conociendo a una gente maravillosa: tú eres uno de ellos, sin duda.

    un beso.

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  15. Juglar, esa es la palabra para definir el estado de muchas parejas que perduran en el tiempo: vegetar. No lo hubiera definido mejor. Pero esa es otra opción, y cada cual debe ser consciente de cómo gasta su vida.

    La imaginación es un caballo desbocado, nadie lo puede retener.

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  16. Garriga, luego te paso el número jaja

    un besazo.

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  17. Gracias Osvaldo, si la rutina es una mala bestia.

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  18. Luis, no es un deja vú, es que lo colgué hace tiempo en Buho. Simplemente lo he retocado y mejorado un poco (creo) este es uno de los relatos que forman ese libro que tengo publicado.
    Mira, si quieres, lo puedes conseguir en lulu.com, el libro se titula Luna de san Juan y la autora de la catástrofe soy yo: Ángela Piñar. También lo puedes bajar de Amazón por un precio baratito: 0,89.
    Sin compromiso, niño sureño, en serio, que te quiero igual jaja

    un abrazo olímpico.

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  19. Noris, cada vez que te veo me alegro con esa sonrisa radiante tuya, y me recuerda que te voy debiendo una visita: prepara un té de jazmines y rosas, que voy.

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  20. Maite, contigo no me hablo, que me he enterado que no te gusta Bruce W. ala ala.

    Un beso, mi niña, gracias por venir.

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  21. XIII gracias, si supieras que poco tiempo hace que escribo...
    pero mira, creo firmemente que para escribir (yo me considero una pobre aficionada)hay que leer, leer, leer y así al final se aprende el dominio de las palabras.

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  22. Gumer, dices que te encanta mi forma de transmitir los aromas, a mi me gusta tu manera de atrapar el tiempo en una foto, de hacerla mortal e imperecedera. Así que ya ves...

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  23. Gracias Arturo, por cierto luego voy a buscar la autoría de esa frase, a ver si despejamos de una vez la X.

    abrazo.

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  24. Lapislazuli, mil gracias. Claro, su fantasía pasó a segundo plano cuando vio el cambio de su esposa, aquella a la que adoró un día. Pero fíjate en la última frase, la perdonó, porque nunca la vio más feliz. ¿no es hermoso y desinteresado eso? ¿acaso no parece amor?

    un abrazo.

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  25. La verdad es que leyendo tu relato me he puesto un poco tontito...je,je


    ¡Redios escribes una cosas que..!, ¡ay!

    Un abrazo,

    Rato Raro

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  26. ¿Compromiso? No sé a qué clase de compromiso te refieres, Ángela querida.
    Me gustaría tener tu libro en mis estantes. Me gusta tu estilo, y me haría muchísima ilusión guardarlo, tras devorarlo con el cariño especial de que conozco un poquito a la autora.
    Me haré con él, y lo quiero en papel.
    Tendrás noticias mías, entre tanto dejaré un BESO justo aquí.

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  27. Querida Ángela:

    Nadie debería permitirse el lujo de encomiar lo que ama si antes no se ha ganado el derecho a desdeñarlo.

    Un beso.

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  28. Mmmmm, me ha encantado cómo cambian las tornas y es que aquí había lujuría pa'to quisqui!

    Lo que no sé si el incubo iba a pedir algo a cambio...no sé yo, no sé yo...

    Genial y fantásticamente fantástico.

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  29. Qué grande, envolver con fántasia una triste verdad que a veces sucede en las parejas, cuando la llama se apaga, la pasión se vuelve perezosa y todas las noches hay dolores de cabeza y él piensa en otras y ella piensa en otros, y a pesar de todo esto, no quiere decir que se hayan dejado de querer, todo lo contrario, quieren saber que el otro es feliz y seguira siéndolo, la jodida cuestión es que quizás ya no saben hacerse felices juntos como antaño.

    Una vez más un placer leerte... Por cierto me encanto la foto del final, ¿La bella y la bestia?

    Besos

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  30. Angela, ¡Que buena historia!, encima real, muchos la vivimos y al final deja de ser un sueño para ser la realidad, ella se fue para ser feliz y me dejó a mi para conocer la verdadera felicidad.
    ¡Huy! sin querer me confesé.
    Igual un fuerte abrazo. (me siento un demonio, ¡Ja!)

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  31. Claro, porque tú eres un Rato raro jaja

    gracias
    ¿te sigue apretando la corbata?

    un beso.

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  32. Luis, me quedo con ese beso. Un abrazo enorme.

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  33. Mi amigo mortal y sus sabias palabras. Muchas gracias.

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  34. Analogias jaja igual ese íncubo malvado quería descendencia.
    Dicen las leyendas que el mago Merlín fue engendrado de esa manera: padre íncubo y madre prostituta, ¡pero vaya usted a saber!
    íncubo proviene del latín y significa acostarse encima. Y súcubo traducido del latín significa yacer debajo, así que en este relato me he permitido la licencia de colocar a esa bella y demoníaca mujer sobre el pobre (¿seguro?) desdichado. Me ha parecido mucho más sensual.
    Gracias niña, por la paciencia.

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  35. Elinmigrantededelosversos:

    me gusta envolver la realidad, a veces tan dura, con un poco de niebla, para hacerla más atractiva.Es como echarle un poco de azúcar a las fresas.

    tengo que ir a ver como te ha quedado todo después de esa lluvia de plátanos. Mil quinientos besos.

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  36. El molí:

    Pues si tú estás bien yo me siento dichosa y contenta, y todos felices. Bueno, en serio, la vida es a veces una mala perra, ya lo sabemos, pero casi siempre nos sirve para hacernos más fuertes, más sabios.
    Un beso y una abrazo reparador.

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  37. En realidad, el texto dibuja un hecho tan actual,tan de nuestra época,donde todo es inmediato,donde enseguida todo pasa...incluída la magia en las relaciones.
    me ha gustado mucho!

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  38. lunaroja:

    tengo tu tuper-sex a medias, luego lo retomo.

    La magia de las relaciones cuesta mantenerla, es cierto. Deberíamos vivir en un eterno noviazgo.

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  39. La corbata no me aprieta estos días porque estoy de vacaciones, pero a partir del lunes que viene...

    Un abrazo,

    Rato Raro

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  40. Por todos los íncubus y súcubus, qué harás para que esa situación termine, me preguntó yo tras leerte...
    Un texto impresionante, cuidadísimo.
    Besos

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  41. creo que nada, pues el marido ve a su esposa feliz, y eso es lo que importa jaja lo demás son detalles sin importancia..., psss ¿por un íncubo más o menos nos vamos a enfadar?

    gracias mientrasleo.

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  42. ¡Wow! Ángela escribes genial... ambos deseosos de llegar a la cama y mecerse en el deseo de disfrutar con cualquiera menos con su pareja... ¿o quizás es una función del colchón? ¿lleva la función "noches de sexo salvaje"?
    Besos.

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  43. va a ser una función del colchón, como muy bien mencionas jaja
    muchas gracias, si quieres te paso la dirección de la tienda colchonera, tengo entendido que este verano no están notando mucho la crisis jaja

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  44. Ángela, no me extraña que rompas corazones, de todo sexo y condición, escribiendo estas cosas son calientes, subiendo esa foto tan guapetona.
    Tu relato está muy bien llevado, el erotismo y las descripciones. Me imagino que no dejan de ser los sueños eróticos de ese matrimonio que se encarnan en la noche, es pues bueno, ese repostar de la libido.

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  45. ximens, pero si no rompo corazones, lo que ocurre es que todo el mundo me ofrece su cariño, y yo como un pajarito hambriento, lo recojo para mi.

    Muchas gracias, en todo caso la admiración es mutua, lo sabes.

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