domingo, 16 de septiembre de 2012

Palos y piedras








Cordelia recorre su blog con la mirada antes de cerrarlo. Candado en mano, pasea la vista a su alrededor. Tras la reja se quedan interminables tardes de lluvia encerradas en un relato o en un  poema escrito desde el calor del vientre. Divagaciones vomitadas desde un alma que a veces se ahoga.  Desvaríos y paranoias que a veces utiliza como linimento, para un dolor crónico o un inmenso deseo de escapar. Sandeces de todo tipo, más malas que buenas, pero de eso el corazón no entiende. Que los órganos amatorios no están por esas labores. Los primeros pasos vacilantes de una mujer con muchas ganas de escribir.
Dentro del blog, Poe juega una partida de golf con don Miguel de Unamuno. Y detrás de éste, un Augusto mortalmente pálido y con un vientre prominente le da golpecitos en la espalda para captar la atención de su creador. Unamuno frunce el ceño, no me lo quito de encima, le susurra bajito a Poe. Es lo que tiene la paternidad, le contesta éste, mientras un cuervo sobrevuela y roba la pelota. Ambos la ven volar, a la pelota digo. Una puta y un mendigo juegan al mus sobre una vía muerta, mientras la muerte, subida a unos tacones rojos, apunta en su libreta nuevos nombres que luego tachará. Dios y su homónimo de las entrañas calientes de la tierra cambian impresiones en una barca. Ajustan posturas, que el equilibrio radica en la complicidad y en la concesión.
—Te ofrezco cien pecadores para tus calderas a cambio de una plaga de langostas susurra el Bienhechor.
Trato hecho contesta el maligno. Y el bien y el mal se abrazan, que los polos opuestos se atraen y se complementan.
La chica de la mirada triste al final no buscó la cabaña del suicida y acompañada de Saramago escriben al alimón una obra de teatro insensata con diálogos indescifrables, sentados sobre una barca al pie de un olivo retorcido. En la barca, como siempre, el mismo nombre: Pilar.
Cordelia mira a su alrededor y siente un dolor en el pecho. Personajes de toda índole, de todas las calañas; sus personajes, sus hijos, creados en una tarde de locura, rescatados de la inexistencia en una noche en la que el sueño era esquivo. A veces la inspiración se presenta dando coletazos de ballena, lanzándola a una locura sin salida. En esos momentos el mundo desaparece y sólo puede escribir. Ella lo sabe, es consciente.
Coloca el candado y echa la llave. Cuando va a retirarse, una mano ensangrentada la agarra por la chaqueta y la estampa contra las rejas.
—¿Por qué no escribiste antes el manual? interroga agresivo.
—¿Qué manual? — responde perpleja.
—¡El de cómo no  torturar a un pobre lector! grita.
—Lo escribí cuando se me ocurrió, sólo soy una escritora en sus primeros pasos —me defiendo.
—Me habrías ahorrado tanto sufrimiento… —me susurra abatido.
Tiene los ojos inyectados en sangre, dice tener los nervios a flor de piel y alega un cansancio tremendo.
—No te entiendo ¿Qué tal si te explicas mejor? —le digo con evidente esfuerzo, mis dientes están casi pegados a la reja. Su aliento y el mío flotan en comunión.
—No comprendes nada, diletante escritora de pacotilla. Si tú lo hubieses escrito antes, quizá algunos escritores como tú, con plumas de pavo real, se hubiesen dedicado a la siembra de la lechuga o de la patata en lugar de torturarme a mí y a otros que, como yo, amamos la buena lectura. ¿Puedes imaginarte por un segundo lo que es comenzar a leer un relato y ver que no tiene fin? Mis dedos ansiosos juegan con el ratón en un peregrinaje sin frutos, bajan y bajan, pero abajo no hay abismos en blanco, sino palabras y más palabras. Y leo, leo tragándomelas todas, estoicamente. Y cuando he acabado, ¿sabes lo que me ocurre, diletante y ufana escritora de pacotilla?
—No. ¿Qué? —le pregunto intentando respirar.
—¡Que tengo que comentarlo! —Me grita enloquecido. Saliva dispersa de una boca colérica.
—¿Y cuál es el problema? —intento defenderme y aparto la cara, su aliento huele a tiempo perdido.
—¡Que a veces no sé qué decir! — me responde con la mirada triste.
—Pues haz lo mismo que yo —le aconsejo—,  te vas al cajón de las palabras que no duelen, las que pesan poco y casi flotan, las que son casi transparentes. Imagino, querido amigo torturado, que sabes que existe ese cajón.
—¡No! ¿Y qué contiene? —por fin me suelta.
Respiro hondo. Otro personaje que se rebela y me planta cara. Desde que leí Niebla, del gran don Miguel, esta situación me persigue.
—Verás, socio, en el paraíso de las palabras hay dos cajones a tomar en cuenta, a saber:
»El de las palabras que pesan.
»El de las palabras vacías.
»Las palabras que pesan son sinceras y carecen de piel, están recubiertas de vísceras y sangre. Éstas es mejor que evites usarlas si quieres mantener las amistades. Porque son palabras que miran directamente a los ojos, no son huidizas, mantienen la mirada. Pero a veces hacen daño, porque con sus vientos huracanados hacen temblar las parihuelas que sostienen esas poesías, esos relatos. Y estos, frágiles desde su inicio, se tambalean.
»Son palabras que a la vez son sentencias; puedes condenar al destierro a aquél que adora la escritura. ¡Cuidado con ellas! Porque pueden romper un alma y desviar un camino.
»En cambio, las palabras vacías son cómodas, ligeras, etéreas, casi transparentes; si las colocas con cuidado sobre un lago podrían incluso flotar. Son fáciles de pronunciar, no comprometen y suelen arrancar una sonrisa. Y si lo que buscas es tener amigos, te aconsejo que utilices éstas últimas. Las palabras cómodas pueden ser un trampolín para el que las lee, pero alentado e inflado saltará y puede ser que abajo no haya agua.
—¿Y no hay un cajón intermedio? —me pregunta más amigable.
—¡Claro que sí! Es el cajón de las palabras esperanzadoras.
—¿Y qué palabras son esas? —Se anima por momentos.
—Ilusión, trabajo, constancia, empeño.
El que todo lo ve y todo lo sabe se acercó lentamente, con las manos tras la espalda. Su gesto no era del todo benevolente, alcé una ceja imaginando que la corona de espinas era la culpable de esa mueca contraída.
—Vaya, vaya, consejos de una creadora. No salí muy bien parado en tu relato “La muerte camina sobre las flores”. Dictador, cruel, y hasta vago. Algo cochino, incluso. Lascivo, ¡y amigo del maligno!
—Licencias poéticas, buen dios, sabes que no creo en ti, para mi eres un personaje más. Aunque he de reconocer que el maligno me divierte más.
En esta agradable charla andábamos cuando vi a todos mis personajes acercarse lentamente a la verja armados de piedras y palos. Las miradas asesinas me advirtieron de que sus intenciones no eran buenas.
Y por una vez  en la historia de la literatura, la creadora salió corriendo de allí.


Decidme, ¿ se os rebelan a menudo vuestros personajes? contadme...




27 comentarios:

  1. No sé qué cajón debo abrir... dame algo de tiempo, a ver... necesito un cigarrillo y no tengo tabaco en el escritorio. Voy al bar de la esquina antes de que cierre.
    Me gusta mucho leerte, Ángela.
    Besos

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  2. jajaja Luis, tú puedes decirme lo que quieras, que sabes que te adoro. No me enfada la verdad, me duele mucho más una mentira adornada, que al final acaba pesando mucho.
    Verás, esto es un relato que hice después de escribir sobre todos esos personajes de los que hablo: el mendigo, la puta, Dios, la chica triste que buscaba la cabaña del suicida, esa provocativa muerte de los tacones rojos. Todos mis personajes enfadados conmigo ¡que susto!

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  3. Directamente el de las palabras que pesan. Qué bien me lo he pasado leyéndote, largo pero ameno. Eres ingeniosa y ocurrente, Ángela. Excelente relato!!!
    Besos, guapa.

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  4. Auroratris: así me gusta. Largo pero ameno. bien.
    ¿sabes? una vez un amiguete de un foro me dijo: quiero sinceridad absoluta cuando comentes mis trabajos. La primera vez aceptó la crítica deportivamente, la segunda se tragó la píldora pero se escuchó el ruido seco de su garganta al tragar, a la tercera me dijo que si no me gustaba como escribía que no le leyera jaja
    al final pensé que lo mejor es abrir el cajón de las palabras que flotan, esas que por estar huecas por dentro son ligeras y livianas, que hacen felices a la gente. Pero no debería ser así...
    Muchas gracias por leerme preciosa, y mil besos. Si vuelves para leer mi respuesta me encantaría que respondieses la pregunta que formulo al pie del relato.

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  5. En esta entradas has tocado un tema que todos o casi todos tememos: los comentarios. Sabemos que la mayoría son amigos y nos darán buenas críticas, aunque no las merezcamos. Pero tal y como comenté hace poco en otro blog, ¿quienes somos para atacar una obra y herir a su autor? ¿Es que tenemos un cum lauden en literatura? ¿Estamos cualificados para un análisis justo? Algunos puede que literariamente o gramaticalmente sí, pero ¿y en lo tocante a sentimientos? Mira yo no sé a lo que aspira la gente con un blog, pero creo que la mayoría es a colocar nuestras creaciones sean del tipo que sean, y por tanto habrá gente a la que guste y otros a los que no, y como todavía tenemos libertad para expresar y para elegir... pues eso hagámoslo desde el respeto, y al que no les guste nuestro trabajo, pues que no lo lea, y el que nos pida que comentemos con sinceridad pues hagámoslo si nuestra condición nos lo permite. La mía no me deja herir sentimientos, cuando además yo no soy ninguna entendida.

    Tus relatos son buenos y amenos, inteligentes, tienen chispa, todo lo que te diga es poco y lo digo desde el corazón, digo desde el cajón de la sinceridad. De hecho, te echo :) de menos cuando tardas en escribir.

    En cuanto a que si se me rebelan mis personajes... no sabes hasta que punto. Tengo una lucha diaria con ellos, y me castigan escondiéndose y hasta se burlan de mí. Ahora que al que atrapo lo paga por todos, porque le pulo bien hasta que consigo sacarlo. Lo malo, o lo bueno son las críticas que luego pueda recibir.

    Un beso en la noche querida Ángela.

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  6. Querida Angela; vaya con lo que haz largado, eso de los cajones me encanto, sobre todo cuando debo comentar una poesía, dado que muchas veces no la entiendo, suelo acotar mi ignorancia, así que sólo digo si me ha gustado.
    Como dice Teresa debemos respetar la creación, más si no tenemos ese don.
    En cuanto a mis personajes, ¿que pueden decir?, son tan insulsos como yo y tampoco entienden nada, lo único que nos une es el buen humor.
    Amiga siempre leo tus escritos, cuando no dejo un comentario es porque no se que decir y me parece más respetuoso el silencio.
    Te dejo un fuerte abrazo.

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  7. Es tan cierto como certero lo que has plasmado y coincido con Teresa en casi todo su comentario para no ser reiterativo. Personalmente, me tomo el tiempo de visitar a todos los que asiduamente me visitan porque considero es una forma de devolver esa atención que han tenido conmigo. No se si lo que hago es bueno, malo o regular, sí se que solo soy un aprendíz y respeto mucho lo que cada uno expresa. Por ahí molesta un poco que ese respeto no sea recíproco, por una cuestión que todavía no entiendo. Hay quienes que solo comentan después que tú lo has hecho en su entrada, yo por el contrario, no necesito publicar para comentarle a alguien, me salen las notificaciones en el blog y lo visito y comento. Sin temor de nada, por ejemplo, de tus últimas diez entradas, yo te he visitado y comentado en siete, y de mis últimas diez entradas, tú no me has visitado en ninguna, y sin embargo estoy aquí, leyéndote porque me gusta y esperando que algún día me dediques un tiempo.
    Buena entrada, para que cada uno diga lo que piensa.
    Te dejo un beso

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  8. A mi no se me rebela ningún personaje...soy yo el que los domino...y el que respira un poco más alto que otro...cojo la tecla de suprimir y asunto resuelto.

    No soy un experto literario, solamente me gusta leer y admirar a quienes escriben...por lo tanto no estoy capacitado para juzgar a nadie...todos tienen mis máximos respetos...porque este mundo bloguero no es facil al intentar escribir asiduamente, y las ideas no son muchas que digamos...a tí por ejemplo me gusta leerte, por eso estoy aquí...un besote preciosa.

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  9. No suelo escribir con personajes excepto en la serie "Manicomio".
    Más que rebelarse me sorprenden con sus iniciativas y aún me sorprende más la aparición de personajes que no espero y que irrumpen en la serie con una chulería que da miedo...

    Besos.

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  10. Teresa, en todo eso que cuentas se demuestra tu buen corazón y tu saber.
    Tampoco yo quiero hacer daño con este relato,creo que algunos me conocéis lo suficiente para adivinar que nada más lejos de mi estilo. Lo que ocurre es que a veces hay gente que no aguanta un comentario aleccionador, un comentario del que podría sacar partido si dejara un poco de lado su inflado ego. Y a mi me parece humilde e inteligente querer aprender, mejorar, corregir. De hecho cuando cuelgo un relato en el foro pido sinceridad, y si me dan caña aún pido más y más, porque el lector ve cosas que yo no he visto.
    Muchísimas gracias, amiga Teresa, espero no haberte ofendido.

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  11. El molí. Te adoro.
    ¿sabes una cosa? te voy a contar un secreto: con los poemas crípticos me ocurre lo mismo que a ti jaja entonces los leo muy despacio un par de veces, y si no los acabo de entender simplemente me quedo con la belleza de lo poco que he entendido y o no comento o comento sobre lo que entiendo. Pero tengo que reconocer que la poesía no es lo mio, no me defiendo demasiado bien, aunque me encanta.

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  12. Osvaldo, tienes toda la razón del mundo y me he sentido triste al leerte. Te pido disculpas por no comentar tus trabajos, pero no es porque no me guste como escribes, no es así, en serio, muy al contrario. El tema es que me falta tiempo y aunque quiero ir opinando en los blogs amigos a veces se me va la olla y no me acuerdo de la gente fiel.
    y es que quien mucho abarca poco aprieta: tenés toda la razón. Te mando un gran beso con las disculpas.

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  13. Fibo, veo que tienes a tus personajes acojonados jaja
    eres un gran tio!!

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  14. Toro, esos poemas son una locura.

    un abrazo.

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  15. Gracias a este relato me he dado cuenta de que tengo a blogueros muy queridos un poco abandonados. Intentaré subsanar el error. Pido mil perdones.

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  16. Qué bueno!!! Me encanta leerte...
    Veo que cambiaste la estética del blog, te quedó genial.
    A mí los personajes de mis cuentos se me rebelan mucho más a menudo de lo que me gustaría, muchas veces los dejo estar un tiempo...
    Un beso

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  17. Pobre de aquel al que sus personajes no se le rebelen en alguna ocasión.

    Me ah gustado esta propuesta.

    Besos.

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  18. Como mis poemas los únicos personajes que tienen soy yo y mis sentimientos, no tengo ningún problema para mantenerlos bajo mi dominio, jejeje.
    En cuanto a tu relato que te puedo decir no hayan dicho los que me preceden. Yo escribo por una casualidad de la vida, o por el destino. Un día cuando tenía diciseis años cayó en mis manos una antología de Miguel Hernández, y la poesía me atrapó. No me considero nada especial dentro del mundo de las letras, solo escribo lo que me vienen a la imaginación y lo comparto en mi blog. Por eso no hago juicios de valor con los que no me visitan y agradezco a los que si lo hacen. Yo procuro ser fiel a todos ellos, ya me gustaría a mí tener suficiente tiempo para dejar comentarios a más blogs. Cuando me gustan así lo hago ver, y cuando no lo entiendo o no me gusta paso de puntillas, no me gusta herir los sentimientos creadores de nadie. Me gusta respetar la libertad de cada uno.
    Pero, sinceramente, tus relatos son de una originalidad desbordante, me gustan mucho.

    Besos

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  19. Eva, deseo que tus personajes sigan rebelándose toda la vida, y que te torturen y que se manifiesten en tus sueños ¿sabes por qué? porque querrá decir que siempre andas con la pluma en ristre, que nunca dejas de crear. En cuanto pueda me paso a leerte. un abrazo.

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  20. Antonio, es cierto, pobre de aquel. Los personajes que no se rebelan es que no están vivos.

    un abrazo.

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  21. Jose Manuel, gracias por leerme. De hecho, gracias a este relato "maldito" me estoy dando cuenta de ciertas cosas en las que no había pensado.Que sois maravillosos, que no os merezco y que soy una ingrata. Pero ando subsanando errores.

    mil gracias, para no olvidarte más de ti, y de otros, os estoy colocando cerquita de mi corazón inflado de ego.

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  22. Primero: cero que ninguno de los que estamos aquí tenemos un sillón en la RAE, pero hablaré por mí. A mí me gusta leerte porque a) eres muy ocurrente y original b) no es fácil encontrar a gente que hile dos frases seguidas y que tenga sentido (y sin faltas de ortografía, por Dios!) c) tus historias te salen de dentro d) si no me gustaran no lo leería y mucho menos comentaría.

    Obviamente a ninguno nos gusta que nos echen por tierra todo el trabajo realizado, pero sí, deberíamos ser más constructivos.

    Por cierto, soy de las que ve una poesía y dice...buf! eso pa' luego.

    Hala, ahí dejo eso, sacado de mis "cajones" (sin errata)...

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  23. Analogias, gracias por la sinceridad. Creo que al final, al menos para mi, este hilo va a resultar muy aleccionador. Me gustaría resaltar que respeto muchísimo a todo aquel que tenga los huevos o los ovarios de escribir un relato, un poema y subirlo a un escenario delante de tanta gente (ya me entendéis).Es un sujeto valiente aquel que se desnuda delante de todos y se queda de pie y en carne viva. Pero ese relato, ese poema, bien peinado, bien vestido puede arrancar un aplauso. Es de humildes aceptar una crítica constructiva que nos ayude a crecer. Todo este circo que he montado se reduce al final a eso.
    Y Analogías a mi la poesía me encanta, me seduce, me tumba. Pero a veces no entiendo mucho su significado y me quedo simplemente con la belleza que irradia.
    Uf, que manera de enrollarme, perdón y mil besos.

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  24. Tu relato hace pensar y efectivamente, en mi caso, soy consciente de que mis personajes surgen de la nada y son eso precisamente, "nada". Unas veces criaturas adorables, niños aún, otras adultos, jóvenes enamorados, otras ancianos y restañando esa lágrima del recuerdo. Al final siempre vuelvo al mismo puerto, al mismo embarcadero y lanzo el cabo y atraco la barca, para que mis dedos le lleven al teclado el fruto de mis pensamientos.
    Un abrazo en la noche.

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  25. Me pasé por aquí, jejeje, para leer tu respuesta. Se ha notado, no? Cuando se pide crítica, tenemos que aceptar lo que nos echen, nos guste o no. Lo siento por ese amigo, se lo hubiera pensado antes, jejeje. Pero es así, si me gusta comento sinceramente, y si no, prefiero callar y no herir, no todos los días estamos sembrados. No entiendo de poesía, pero siento cuando me transmite, me llega, me emociona...
    Y sobre tu pregunta (me he enrollado como una persiana), te dejo respuesta: Aparte de los personajes, que también saben amotinarse.Lo que más se me rebelan son las palabras, me retan en plena pantalla, danzan, no paran, no quieren hilar unas con otras, terminan volviéndome loca. Difícil conseguir una armonía, cuando no quieren, no quieren y punto, jejeje.
    Un abrazo, Ángela!!

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  26. Rafael, no digas eso que duele. ¿cómo puedes hablar de esa manera de tus personajes? les romperás el corazón...
    tus personajes son parte de ti, nacen de un momento de rabia, de odio, de amor, de pasión, de locura, de indiferencia. Luego, una vez puestos de pie tú los empujas un poco hacia ese escenario que tú les has creado y ellos hacen todo aquello que tu no te atreves a hacer. Fíjate que importantes son.

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  27. Auroratris, un relato, un poema gana mucho con la palabra justa, adecuada. Pero sólo hay que ser un poco paciente y la palabra, que seguro es muy tímida, surge despacito entre las demás.

    un abrazo muy fuerte, niña.

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