viernes, 16 de noviembre de 2012

Ensayo sobre la tristeza


Quizá poca gente recuerde de qué manera comenzó todo. Qué día ocurrió, en qué segundo. Podría haberse iniciado con un débil temblor en los labios, con un leve estremecimiento de la barbilla. Podría ser que una mañana una mujer riese a carcajadas jugando con sus hijos y a la siguiente la boca amaneciese rígida, tensa, una media luna que no llega a definirse. Y en ese lugar del rostro, antes iluminado, sólo quedó una fina línea recta. Obviamente también desapareció el brillo ocular que acompaña la sonrisa.

Deambulaban por las calles rostros cabizbajos, ceñudos; al saludo ya no acompañaba un gesto alegre, sino una leve inclinación de cabeza, o un seco “buenos días”. Esta situación preocupaba al sumo Gobernante que, acomodado en su sillón, estudiaba atentamente las conversaciones domiciliarias de sus súbditos buscando  el origen del problema, y por tanto la solución. La llegada del invierno empeoró la fotografía callejera, antes tibia y cálida, ahora oscura y llena de matices grises. El invierno suponía nueve largos meses de árboles mutilados, de cielos plomizos, de corrientes de aire lacerante, tristes imágenes que no podían, de ninguna manera, ayudar a levantar el alma.

Este hombre, este Gobernante entregadísimo a su pueblo, hastiado de escuchar tan sólo el ruido de los cubiertos al chocar contra unos dientes sin sonrisa, desilusionado de los tambores tristes de un silencio rebotando entre las paredes más humildes, tomó una firme decisión: impondría la sonrisa por decreto.

       Que de todos es sabido que una carcajada es algo sumamente contagioso, y que todo aquel que ve a su vecino reírse de buena gana acaba compartiendo esa alegría, ya sea por la caída ridícula de un anciano en mitad de la calle, o por el aspecto simiesco del hijo del vecino.

Los más cautos, entre ellos Matías Parafilio, profesor de filosofía, ensayaron una mueca de oreja a oreja que, aunque no resultaba fresca y espontánea, sonrisa era al fin y al cabo. Pero el gran Gobernante, un ser atento y escudriñador, no estaba contento con un pueblo de posturas fingidas, así que entendiendo que tan sólo una afección contagiosa podría retirar la alegría de todo el pueblo diagnosticó enfermo a éste y proclamó que debía permanecer en cuarentena, hasta que se resolviese el asunto.
Una mañana lluviosa la ciudad amaneció llena de carteles redactados y firmados por el Gobernante, que decían así:

“Ciudadanos:
El día 20 de diciembre del presente año se celebrará un acto público al que todo el mundo deberá asistir obligatoriamente, so pena de ser visitado en su domicilio por las fuerzas policiales.
Es el momento de ayudar al prójimo, de levantar el alma entristecida, de acariciar el espíritu de aquel que ha perdido la sonrisa. Es, por tanto, nuestro deber altruista poner todo nuestro empeño en conseguirlo. Por tanto:
Todo aquel que tenga un aspecto físico cómico, una madre muy fea, un vecino muy cojo, un vástago enano de dos cabezas o tartamudo, o algo tan candoroso e hilarante como un secreto vergonzoso o una anécdota divertida o muy picante que contar, saldrá por obligación al escenario para compartirlo con los demás, –de resistirse será persuadido por las fuerzas policiales– pues el pueblo necesita la risa y aquél que se niegue a provocarla estará contra el propio pueblo y por supuesto, contra su gobernador”
Firmado por el Gobernador a día 13 de diciembre de 2090.

Pero este requerimiento tuvo el efecto contrario al deseado por el Gobernante, pues los súbditos con defectos físicos o aspecto sospechoso se atrincheraron en sus guaridas por miedo a ser traicionados por un padre desnaturalizado, un vecino cabrón o una amante tocapelotas. Que había mucho traidor suelto.

¿Qué es lo que despierta la hilaridad de todo un pueblo?

El gobernador no hallaba remedio a la enfermedad popular, y, desesperado, ofreció una suculenta recompensa para aquel súbdito que aportara una solución al problema. Este desembolso extra sería remunerado con dinero extraído de las arcas públicas, claro está.

 “Ofrezco diez mil trapecios a aquel o aquella que devuelva la sonrisa y la alegría a mis súbditos”
. Firmado: vuestro Gobernante.

Parafilio  escuchó esta noticia en todos los medios y  puso a trabajar  sus neuronas, pues esos diez mil trapecios le iban de perlas para adquirir ese Apache K–9  de última generación, una de esas magníficas bellezas rodantes, una máquina hermosa, veloz como la luz, con una inteligencia superior a la media y capaz de reír los chistes más picantes. Estos pensamientos le provocaron una erección considerable.

¿Qué es lo que arrancaría una buena carcajada a una muchedumbre jodida y triste?

Una pifia del opresor. Una pifia enorme, gorda, extravagante, ridícula.
Y buscando momentos irrisorios de la historia de la política desempolvó antiquísimos archivos audiovisuales. Sonrió benévolo ante un anciano Rey de la vieja España, viéndolo caer de narices ante sus sorprendidos súbditos. También le arrancó una sonrisa el discurso indescifrable de uno de sus presidentes de gobierno, un tal Majoy, que hablaba como si tuviese un testículo gigante dentro de la boca.

Luego estaba la pifia –espectacular ésta– de un tal Alpargatero, que en pleno discurso confundió un verbo tan importante, tan altruista, tan solidario como es el verbo apoyar, con otro mucho más libidinoso, más casquivano y algo menos serio como es el verbo follar. Que, evidentemente, no es lo mismo andar apoyando a alguien que andar follándoselo.
Alegre tras unos momentos de sana hilaridad y decidido a ganar ese dinero solicitó una audiencia con el gobernante.

—Tengo lo que necesita para hacer reír a su pueblo —le dijo al Gobernante.

Cuando el Dirigente terminó de visionar el material permaneció muy callado. No se alegraron sus patricias facciones, muy al contrario, su rostro se oscureció.
Tosió y aclaró su garganta.

—Dígame señor Parafernalio...
—Parafilio –corrigió éste—. Si no le importa, señor.
—Dígame señor Parafilio ¿Cree usted que éste tipo de asuntos hará reír a mi pueblo?
—Sí señor, al menos yo me he reído muchísimo, incluso he tenido un orgasmo.
— ¡Vaya! Ya veo…, si esto da los resultados esperados le pagaré lo estipulado—prometió, algo incómodo.

El día 20 de diciembre todo el pueblo escuchó desconfiado y a la defensiva, el discurso de su Gobernante.

Amadísimo pueblo:
“Sé que vivimos tiempos muy difíciles. La gran Crisis, esa que nos viene asolando desde hace ya tantas décadas, os ha borrado la sonrisa. Ahora andáis taciturnos y cabizbajos, y yo, que os amo profundamente, no puedo tolerarlo.  Queridos súbditos, sólo os pido un poco más de sacrificio ante estos malos tiempos que algún día serán historia, os suplico un poco más de entrega, un agujero más en vuestro cinturón de la paciencia. ¡Vamos, sonreíd! Sabed, que la sonrisa es una reacción contagiosa, si reís vuestro vecino os imitará y reirá a carcajadas, y todo el pueblo se llenará de risas y de felicidad”.

Después de este somero y esperanzador mensaje, el Gobernante observó condescendiente a su pueblo y esperó, pacientemente, un aplauso, una ovación, tal vez un salve. Pero nada de esto ocurrió. La muchedumbre permaneció con una expresión macilenta, gris, el ceño fruncido, la boca recta y apretada. Algunos, encolerizados, se habrían marchado gustosamente a sus casas, mas eran conscientes de que estaban rodeados por las fuerzas policiales y nadie osó moverse.

Entonces, bajo una luna que escondía su joroba entre los ebúrneos pechos de una nube adormilada, apareció Matías con las manos alzadas, la voz de barítono y el aspecto hippie de un viejo poeta bohemio. Miró a sus vecinos desde el borde de un escenario adornado de oropeles; se presentó ataviado con unos deshilachados y prohibidos jeans –prenda ésta que decían restaba respetabilidad–  y con la camiseta de un grupo de rock que ya nadie recordaba,  una banda cañera liderada por un tipo de labios carnosos y movimientos sensuales que confesaba tener simpatía por el maldito. Nostálgico Matías, que se negaba a enterrar aquellos tiempos en los que la gente se reunía, libremente, a tomar unas birras y hablaban sin censura.

En pie, y luciendo una lengua provocadoramente roja declamó de esta manera:

— ¡Amigos! “Sé que vivimos tiempos difíciles”. Con esta realidad ha  comenzado su discurso nuestro amadísimo gobernador. (Suspiro teatral) ¡Ah,  compañeros! Sabed que sufre por nosotros. Yo le he visto, acomodado en su mullido sillón de plumas de oca extinguida, sollozar amargamente por nosotros; y debido a esta pena le he visto apartar, con desgana e inapetencia, una exquisita vianda servida en una bandeja de cristal de bohemia ornamentada con filos de oro; ya se tratase de una roja langosta, un carísimo paté, o un lejano caviar. Le he visto suspirar de pena oliendo los sintéticos parterres que rodean su inabarcable, única y hermosa mansión victoriana.

La multitud miró con profundo resentimiento al gobernante y luego, alzando la ceja izquierda que es la que se levanta ante la desconfianza, observó al hablador.
—Ninguno de estos lujos, ——continuó Matías,vehemente—inimaginables e inalcanzables para nosotros, consiguen arrancar un suspiro de placer en nuestro amado gobernador. Contemplad la inocencia, la albura de sus manos extendidas buscando nuestro cariño. Él es un hombre de discurso sencillo, aunque brillantísimo en su lisura, carente de prosopopeyas aprendidas para deslumbrar ¿Acaso, cuando os habló hace tan sólo unos instantes desde este iluminado proscenio, le visteis excesivo, afectado en sus modales, utilizó tal vez falacias para disfrazar la situación actual? ¡No! ¡Él no es como otros dirigentes!

El Gobernante no entendió mucho el mensaje de Matías, y esta ignorancia le obligó a componer un gesto impasible.

Lo que el pueblo no entendió es de que parte estaba Matías y comenzó a murmurar insultos como: traidor, acólito, hijoputa, vendido. Ante esta retahíla de improperios el vilipendiado poeta levantó las manos solicitando paciencia y con un brillo especial en los ojos suplicó: esperad, esperad y mirad.

La imagen –en una pantalla enorme– de ese Rey tropezando y cayendo sorprendió a los reunidos, el discurso de los presidentes los dejó perplejos. El verbo canalla, confundido por aquél con apellido de calzado, provocó un ligero temblor en las mandíbulas.
——Y ahora permitidme que os lea algunas frases de antiguos dirigentes y comprobareis, amigos, la suerte que tenemos y cuan brillante es nuestro amado Gobernante:

Choorschss Buuuff, entonces presidente de los antiguos Estados Reunidos, en el día 22 de julio del año 2001 pronunció este breve, pero filosófico, discurso:
“Yo sé lo que creo. Seguiré expresando lo que creo y en lo que creo. Creo que lo que creo es lo correcto”.

Matías alzó la ceja derecha, que es la que se levanta cuando no entendemos algo. Y continuó leyendo frases de esta índole ante un pueblo con los ojos desorbitados y la boca ligeramente abierta.

La inteligencia del pueblo rebotando contra las paredes de la idiotez del poder. Esto pensó Matías observando a su pueblo.

Y por último, —terminó Matías henchido de placer—las palabras de un tal Ransfeeeel, secretario de defensa de los antiguos Estados Reunidos que pronunció en 2002 este nítido, filosófico y profundísimo mensaje, digno de admiración:

“Las informaciones que dicen que algo no ha pasado siempre me resultan interesantes. Hay cosas que sabemos que sabemos. También hay cosas conocidas desconocidas, es decir que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, las que no sabemos que no sabemos”.

Matías, que había declamado estas palabras muy despacio, dramatizándolas exageradamente, deteniéndose teatralmente con la mano lánguida en las comas, guardando solemnemente un minuto de silencio en los puntos, fingiéndose presa de la admiración más sublime ante estas maravillosas palabras, observó a su pueblo,  serio, circunspecto, y luego, cómicamente, se giró hacia su Gobernante con las palmas extendidas.

Éste, con los ojos arrasados de lágrimas, contemplaba las estrellas, paladeando, envidiando  la profundidad maravillosa de la frase que Matías acababa de leer, extrayendo la sabiduría de esas palabras.

“El desconocimiento desconocido sólo trae más desconocimiento, y sabemos  que lo sabemos, menos cuando no lo sabemos, claro está”

El gobernante decidió que esta sería una gran frase para su siguiente campaña.
Matías miró fija e intensamente al Gobernante, el pueblo miró a Matías y luego a su Dirigente.

Y estalló una colosal y unánime carcajada,  un terrible movimiento sísmico de hilaridad estentórea, tan estremecedoramente sonora y duradera que la nave vigilante de las conversaciones domiciliarias  titiló y luego tiritó allá en los cielos y cayó en picado sobre los tejados ornamentales de la más bella mansión victoriana, iluminada en su totalidad por la blanca palidez de una luna jorobada.




45 comentarios:

  1. Guau! Creo que es uno de los mejores textos que te he leído...Me ha encantado,tiene ritmo,es inteligente,sensible,reflexivo,reivindicativo... Qué bien que escribes Angela!

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    1. Bueno, este texto es una mezcla inspirada en dos libros: 1984 de Orwell y Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Quería reflejar una sociedad oprimida, gris, cansada y decepcionada.Me he ido a un futuro lejano, pero bien podría ser un presente que ya acontece, exagerado, claro está. Al final la sonrisa, la carcajada nació de la venganza de la rabia contenida, de la pesadumbre de un pueblo aplastado y vigilado. Quería resaltar también la evidente certeza de que aquellos que nos gobiernan no se enteran de lo que sucede, que miran hacia otro lado, quizás a su propio ombligo, o bolsillo.No soy una entendida en política, pero creo que para ver ciertas cosas no hay que serlo. Muchas gracias lunaroja, siempre tan amable.

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  2. Muy, muy bueno.
    Felicitaciones
    Un beso grande

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  3. Genial, Ángela. Perfecto relato y con esa ironía tan característica en ti.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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    1. Gracias Rafael. Espero que nosotros nunca perdamos la sonrisa.

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  4. Me encanto todo lo que escribiste, muchas felicidades! espero y puedas leer mi poema reciente c:

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    1. Lee Erick, gracias. Sé que te debo una visita, y será dentro de nada, muchas gracias.

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  5. Ángela:
    Te has tomado tu tiempo para escribir este manifiesto, edificado sobre la impostura de los mensajes vacíos y la estupidez del Soberano.
    Y así siguen muchos hoy, igual de despistados.
    Besos.

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    1. Creo, Arturo, que vivimos tiempos revueltos,tiempos de estrecheces, donde cada vez se nos exige más austeridad precisamente a los que ya no podemos apretarnos más el cinturón. Supongo que te llegan noticias del mal momento que pasa España, y todo pasará claro..., con el tiempo; pero de momento tenemos que tragar saliva viendo en las noticias que cada ocho minutos se produce un deshaucio y una familia más es lanzada a la calle, a veces termina en suicidio. Corren malos tiempos. Con este relato sencillo, he querido reflejar la pesadumbre del pueblo, el sometimiento, el miedo pero también esa rebeldía latente. Y sí, es cierto que el gran hermano nos vigila, pero aún nos quedan poemas de naranjas y recuerdos de tiempos hermosos.
      Gracias, y sobre todo gracias por solucionarme el tema de los comentarios jaja esto es otra cosa. Besos de metralleta y un abrazo cálido.

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  6. suerte que en España no tenemos gobernantes así, y en Cataluña menos...Muy bueno, como siempre, de forma y de fondo, se agradecen textos irónicos y reivindicativos en estos tiempos de agachaorejas. besos y feliz fin de semana

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    1. Sí, suerte que España no los tenemos jaja. Como ya he mencionado por ahñi detrás se me ocurrió hacer una mezcla homenajeando a dos novelas que considero brillantes: 1984 (Orwell) y Ensayo sobre la ceguera (Saramago). Orwell nos mostraba un futuro oprimido, una sociedad anulada por las prohibiciones, vigilada estrechamente, y Saramago en su novela nos ponía en la tesitura de que ocurriría si toda la sociedad, toda la gente se quedase ciega. Uní las dos distopias en el mismo relato, sustituyendo la ceguera por la pérdida de la sonrisa (la perdida más bien de la alegría y el optimismo, la mirada pesimista).Y me ha quedado este texto irónico y reivindicativo escrito con el único fin de arrancaros una sonrisa a vosotros. Un abrazo enorme, Ismael.

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  7. Los del pueblo llanto tampoco están muy centrados....

    Será que evolucionamos otra vez hacia el chimpancé pero de regreso claro.

    Besos.

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    1. Si Toro, también yo creo que evolucionamos hacia el chimpancé, cada día lo tengo más claro. Pero mira, tampoco me disgusta un futuro lejano donde todos nos comamos unos platanitos subidos a un árbol con la única ilusión de ver como se esconde el sol jajaja total...

      es bromaaaa

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  8. !!Hola,Ángela!!

    Un elemento dominante la tristeza.Me ha fascinado cuando el pueblo ha soltado la carcajada,así, sin mas presión.

    Decirte q me ha encantado tu relato,es quedarme corta,me ha entusiasmado,es mas, me ha dado alegría para salir hoy a la calle con la sonrisa en los labios.esplendido.

    Muchísimos besitos,Ángela.

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    1. Lady, si es que al final es cierto que la gente anda cabizbaja y algo desilusionada, incluso algunos muy desesperados.Pero como dice mi santa abuela, bueno como decía: si hemos sobrevivido a una guerra superaremos esto también.

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  9. Fabuloso Ángela y tan actual... Deberías sacarlo a la luz pública.

    Un abrazo.

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    1. Pablo, muchas gracias. Bueno supongo que no digo nada nuevo o que no se haya dicho ya con este sencillo relato, quizás la diferencia es que lo digo con mis palabras.
      Pero es cierto, no debemos callarnos, que lo que se calla se enquista en el estómago y las úlceras por rabia enquistada tardan mucho de curar. Un abrazo sincero.

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  10. Bueno, es un texto, profundo, me gustó.

    Besos.

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    1. Muchas gracias Amapola. No sé si he visitado tu blog, pero prometo hacerlo.

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  11. Es muy bueno, y refleja bastante la realidad si cambiamos tiempos de crisis en sonrisas por la verdadera crisis actual.
    Genial, Ángela.
    Un abrazo desde el sureste.

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    1. jaja hay algunas frases de dirigentes muy buenas que descubrí por internet, estuve como media hora riéndome.
      Algunas son para tirarse de los pelos. Y uno piensa: a este hombre donde le dieron el carné de dirigente ¿en la tómbola?
      gracias niña, te debo una visita ya. Mil besos.

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  13. Querida Ángela, tu relato es verdaderamente delicioso, muchas gracias por compartirlo muchacha amiga. Escribes muy bien, te felicito.

    Un beso para ti

    Federico

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  14. Muchas gracias Federico, un abrazo grande.

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  15. Angela es estupendo como has hilado y trenzado esta situación de tristeza colectiva, fantástico
    Siempre es un placer parar por estos lares

    Un besote

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    1. Gracias, labios de fresa. Intentaré, no obstante, que el próximo relato sea más optimista.

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  16. Pues yo según te leía me acordaba de "un mundo feliz" de Huxley. Gente controlada, manipulada y sin sacar los pies del tiesto.

    Se ve que el ambiente general es de una depresión de caballo. Por aquí las caras lánguidas ya no se pueden disimular y es que justo ayer me dio una bajona increíble viendo el telediario. Al que no le de, desde luego, algo de psicópata tiene (por aquello de no sentir empatía).

    El texto, espectacular, con su crítica política y su sorna al respecto de esta panda de gañanes que nos gobiernan.

    ¿Vendrán tiempos mejores o seguiremos así en el 2090? Afortunadamente yo no lo veo.

    Besazo.

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    1. No he leído "un mundo feliz", lo pongo en mi lista de pendientes, que ya me lo han recomendado varias veces.
      Es difícil no sentir empatia ante lo que está pasando, a mi se me encoje el estómago cada vez que veo las noticias.
      En cuanto al gañan que gobierna en la historia pues, como habrás observado, cuando llegue a su mansión victoriana se la va a encontrar un poco "desmejorada" y hecha un asquito. Zas en toda la boca para ese gobernante cortito..., al menos nos podemos permitir el lujo de fantasear un poco, digo yo.

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  17. Excelente escrito amiga, con visos de cuento, pero contando una dura realidad, nuestro gobernantes viven en otro mundo, quizás paralelo.
    Me gusto tu ironía.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Yo no creo que vivan en otro mundo, lo que ocurre es que la avaricia es muy mala y muy contagiosa, que el poder corrompe y que los ideales primeros se pierden, y que si uno lo hace pues también lo hace el otro, que no pasa nada por uno más...

      y todas estas florituras mías son para no decir abiertamente que todos son una panda de chorizos jaja

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  18. Magistral! En la primera mitad me iba sumiendo en la contagiosa tristeza, y de repente, zas! como un tortazo vas soltando expresiones o frases que te hace volver a la normalidad, en un juego en el que me dejaba conducir. Me ha encantado. Un beso

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    1. Esa carcajada devastadora es la pequeña venganza de un pueblo oprimido, seguramente será una venganza fugaz, pero reparadora.

      Gracias Gumer.

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  19. Al margen del relato, de impecable factura como siempre, me has hecho pensar en algo que sin duda ocurre; creo que de manera manifiestamente propgramada, nuestros (porque son "nuestros", eso es lo triste)mandamases hace tiempo que nos obligan a reir, y nosotros, fieles subditos, reimos...eso es así, y cuando acabe esta apestosa borrachera de carcajadas tontas, tocará, en el mejor de los casos, llorar. (vaya rollete de comentario, chica, lo siento)
    Muy bueno, Angela.

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    1. ¡Que va! tu comentario es muy acertado Castelo. Y no sé si has leído algo de Saramago pero bien vale la pena contarte que en uno de sus libros "Ensayo sobre la lucidez" un buen día la gente, toda la gente, decidió votar en blanco en unas elecciones.
      En todo caso la gente está bastante asqueada y al menos creo que tenemos el deber de contarlo, aunque solo sea darnos el gusto de decirlo en voz alta.
      Gracias, Cast.

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  20. Cuando la realidad de una nación huele a crisis, sus gobernantes se apuran a negarlo. Echan mano de cuanta demagogia exista sin importarles caer en el ridículo. Provocan la risa del pueblo, desahogo a tanta rabia y frustración. Hacerse pasar por un “payaso tonto” resulta bajo precio por tanto robo, fechoría, prevaricato y similares que ocasionan sus malos gobiernos. Parece que fue un politiquero de aquellos quien inventó el refrán “Quien ríe al último, ríe mejor”, pues la historia enseña que todos esos “bobos” que parecen no saber en que planeta viven, terminan riéndose del pueblo, de las leyes, de la justicia, de las promesas. Nunca les pasó nada. Ilustres caras duras, la risa no les duele, la carcajada no los mata.
    Me gustó todo tu trabajo en general. Un relato bien sostenido e interesante de principio a fin. Entregas una historia que no solo es bella en si misma, también invita a pensar más allá del propio texto.
    ¡Saludos!

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    1. La rabia y la frustración la producen ver lo infames que son y las pocas cosas que podemos hacer nosotros, pobres vasallos, sí, manifestarnos, decir, gritar que estamos hartos ¿y qué? se pasan nuestras pataletas por los forros y se curan de nuestras ofensas en sus balnearios de lujo, dándose un baño de barro en el spa. No creo que vivan en un mundo paralelo, ellos son conscientes de lo que nos ocurre aunque no sepan cuanto vale el metro o un café, pero en algún momento perdieron sus ideales, si es que algún día los tuvieron, y se dedican a engordar sus cuentas corrientes. Su ombligo, y de ahí para afuera no existe nada más.
      No digo que todos los políticos sean indecentes y corruptos, los habrá honrados, por supuesto, pero al final creo que la avaricia y el placer que proporciona el dinero y el poder se contagian.
      Por cierto Juan Carlos, he querido acceder a tu blog, pero no he podido.

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    2. Estimada Ángela, soy Lector entusiasta, pero un mal “escribidor” por consecuencia soy un blogero sin blog. Te agradezco tu buena intención y saludo tu amabilidad.
      ¡Gracias!

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  21. ¡Muy chulo el blog, te enlazo!
    Un saludo

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  22. Por Dios, me saco el sombrero, me pongo de pie y te aplaudo a rabiar por tan inteligente, original y gracioso cuento futurista. Es excelente, y ese final… aplastante, ja. Que bien la hizo Parafilio. Cómo me reí con lo de Zapatero. Los cambios de nombres geniales.
    Ángela, de los bloggers que sigo y leo de lo mejor, lejos.
    Saludos.

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  23. Este relato es... es... ¡Asquerosamente bueno!

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