viernes, 12 de abril de 2013

Un hombre y unas bragas...


Capítulo II

Mas a veces la dicha es efímera, porque a las dos semanas de su recién recuperada soltería, Angustias su suegra, se instaló en su casa, alegó que para cuidarlo en ausencia de la hija. Con ella trajo el moño, la faja, el rosario, la foto de su difunto, el orinal, y kilómetros de lana rancia de color marrón para tejerle una bufanda. El gato la observaba con una animadversión importante, entre los dos se sucedian verdaderos duelos de miradas retadoras, bufidos y encrespamientos por parte de Pancho, empujones y atropellos con la punta del bastón por parte de la dueña del moño.
Angustias se adueñó del televisor, de su lado del sofá, del teléfono, de las sartenes y de la lavadora, ese aparato agresivo e indisciplinado. Paseó el orinal por el pasillo oscuro a las tres de la mañana, y a las cuatro, con una luna adormilada en lo alto, Angustias se paseaba insomne con los escasos cabellos sueltos por la espalda, visión a todas luces espeluznante. Andrés se introducía en su lecho vacío, temblando del susto. Y el pobre Pancho se acurrucaba a su lado, buscando protección, que de todos es sabido que los gatos siempre ven más allá.
Hacía unos dias que sufría de picores genitales. También le asolaba una persistente diarrea, unas cagaleras incontrolables, ocasionadas ssin duda por los malos hábitos alimentarios adquiridos. Un asunto éste peliagudo, que le hacía salir disparado en las ocasiones más inoportunas. Como el otro día, sin ir más lejos, mientras se hallaba hablando de cosas importantes con su jefe. El sonido dentro de sus tripas era algo similar a los crujidos del cascarón de un barco que escora contra las rocas. Una niebla pestilente emergió de entre la nada, de abajo a arriba y su jefe, inquisitivo,  le miró por encima de las gafas. Andrés comentó, ruborizado, el mal estado de las tuberías y se fue yendo, poco a poco.
Y es que hacía tiempo que andaba tiritando por unos hermosos pechos blancos, coronados en su cima por un lunar con forma lunar, válgame la redundancia. En el último combate cuerpo a cuerpo con Merche, su compañera de curro, ésta había perdido las bragas, un asunto que le preocupaba en extremo, a tal punto de vigilar estrechamente los movimientos de su suegra. Cuando ella colocaba los almohadones del sofá, él la miraba a hurtadillas para ver los resultados, si ella recogía algún objeto él sufría espasmos en el estómago.
Merche resultó ser una pantera de uñas largas, con una melena a lo Pulp Fiction, y unos pechos blancos descomunales, que pendulaban oscilantes y voluptuosos cuando se colocaba a cuatro patas moviéndose al compás de las embestidas afiebradas de un Andrés enajenado. En uno de estos encuentros tórridos sonó el teléfono y la voz gutural de su suegra le anunció amenazante que se iba a instalar en breve en su casa. Merche se vistió haciendo honor a sus movimientos felinos, con una rapidez pasmosa y se dio el piro, para llamar minutos después desde el bus, diciéndole entre risitas sofocadas que había perdido sus braguitas de encaje negro. 

-Ya sabes amor, si las encuentras me las guardas- lo dijo con un acento tan encendido, que si alguien hubiese colocado una cerilla en sus labios el autobús habría explotado.

Andrés palideció, haciendo balance de los lugares mancillados. Lo habían hecho en el sofá, en la cama, en la cocina, contra la puerta del recibidor, en el cuarto de baño, en el pasillo, y también lo habían hecho encima de la lavadora, por lo de sacarle beneficio a sus ataques epilépticos de aparato infernal. Placentero, ¡vive dios! Las bragas no aparecieron.
El último día del mes, cuando las tardes se hacen más cortas y el cielo se desangra despacio, Josefa volvió con sus bártulos y esos hijos de cabezas amelonadas. Volvió el ruido. Volvió la normalidad, la rutina, los silencios rotos por frases hechas, las tardes de sofá y películas soporíferas, con la suegra haciendo ese jersey eterno. 

-Andrés, bájame la lámpara, que la voy a limpiar con un líquido especial para el bronce.

Andrés, subido a la escalera y con el tornabí en la mano sonrió, recordando los chistes de Merche y su costumbre de lanzar las bragas sobre la lámpara.

¡Mierda!








32 comentarios:

  1. Es que me has hecho reir mucho. Gracias. Eres muy ocurrente. Saludos, enhorabuena por tu blog.

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    1. Amapola bella, ¿que haría yo sin ti?

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  2. Genial!Es un relato chispeante ,muy inteligente y sobre todo bien escrito!

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  3. Ahhh que risa!! jajajajajaja ofú... verás verás... lo de las cagaleras me ha sacado carcajadas jajaja.

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  4. Ángela:
    ¡Buenísimo! Resultó divertidísimo, sobre todo el remate.
    Los problemas gastrointestrinales son un capítulo aparte, por lo cómicos.
    Por el título, pensé que la cosa iba para el lado del fetichismo, pero me equivoqué fiero.
    Lo has escrito muy bien, la atención en el texto no decae y las notas de humor agilizan la lectura. Te felicito.
    Un beso metralleta.

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    1. jaja mil gracias Arturo, sin tu llegada esto está soso.

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  5. Ya conocía este relato infiel pero me ha gustado leerlo de nuevo. Aprovecho para mandarte besos, Ángela, hasta Barcelona

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    1. Ese beso ya está en Barcelona, gracias Luisillo. Otro para ti.

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  6. A veces creo que tu blog, es como tu mirada, me refiero a tus entradas, llenas de vida, saludos, buen finde , Abrazo para tí, Angela.

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    1. Mi mirada es verde, a veces mis entradas también lo son, pero solo buscan una sonrisa.

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  7. Jajaj, buenísimo, buenísimo!
    Besotes!!!

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    1. Margari, un placer enorme verte por aquí, mil gracias.

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  8. Ja, ja, ja, desopilaste. Ese tipo es de lo peor, ja, ja, ja, veremos como zafa de esta suegra.
    Saludos.

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  9. Las encontró, bien por el macho!!!!
    Qué buenas risas me llevo a la cama, Ángela.
    Gracias por hacerme reir en esta tarde-noche de domingo.
    Un abrazo y buen comienzo de semana.

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  10. Para mancillar los espacios de la casa, hay que tener buena memoria... Muy buen relato.

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  11. Gracias a todos. Veréis, esta historia es una de las primeras cosas que escribí. Había pensado corregirla, peinarla, maquillarla y colocarle un refajo y unas medias, pero he pensado que entonces no sería ella. Leyéndola ahora me doy cuenta de que poco a poco voy mejorando, un poquito solo, y de cuánto camino me queda. Muchas gracias.

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  12. El segundo capítulo es muy bueno, la verdad es que me reido mucho con este genuino hombre de las cavernas.
    Siento que mi comentario haya llegado un poco tarde, pero es que el fin de semana ha sido...

    Besos

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    1. tranqui José, más vale tarde... un besazo.

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  13. Lo admito, ha sido ver la foto de las bragas rojas y he pinchado en el enlace de forma automática. Asín somos los jombres.

    Y luego me he reído un rato, porque repito, asín somos los jombres, tal cual. Viva imagen de la realidad (ojo, que yo no tengo amante, como este colega, pero el resto igual)

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    1. ah ¡esas bragas rojas! si es que os pierden las formas de guitarra jaja

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