viernes, 12 de abril de 2013

Un hombre, una lavadora y los documentales de la 2.


Los que ya lo hayáis leído pasad del tema. 

I capítulo.

Josefa metió los últimos bártulos en el coche y cerrando el capó, se despidió de su marido con un abrazo y un beso en la mejilla. Los niños sacaron sus cabecitas con forma de melón y sonriendo a papá  se fueron alejando en el horizonte agitando sus manos pequeñas.
Andrés se quedó solo.
¡Un mes de vacaciones!  Un mes de soledad absoluta, de la vuelta a la soltería añorada. Películas porno, fútbol con amigos  y sobre todo nadie que le dijera dónde podía  o no poner sus pies de macho.
Subió a su casa  y tras el suave portazo respiró hondo, muy despacio. Sacó una cerveza helada de la nevera y se sentó en el sofá colocando los pies sobre la mesita de caoba que el padre de Josefa les regaló para su boda, reliquia mimada, a la que él ahora profanaba con sus zapatos sucios. Expulsó algunas ventosidades intentando hacerlo con ritmo, buscaba homenajear con ellas a su equipo de fútbol venerado. Acabó riéndose a carcajadas,  suaves al comienzo  y más fuertes después. Llegó la hora de cenar y se preparó un suculento bocadillo de bistec, grasiento y  enorme. Dos cervezas más, y algunos eructos atronadores. Cambió varias veces de canal, a su antojo, pues su mujer no se lo permitía, decía que no era normal tanto cambio. Puso comida al gato, y se colocó una peli porno en la tele de su cuarto matrimonial. Se masturbó mirándola y le dijo algunas obscenidades a la actriz. Durmió como un angelito. Al siguiente día acudió a su trabajo contento  como un adolescente.
De vuelta a casa cenó y vio una peli de acción, dejó  los restos de la cena y se fue a dormir, no sin antes masturbarse de nuevo imaginándose a su compañera de curro a cuatro patas suplicándole más y más  ¡Oh sí! Que ganas le tenía a la jodia.


Pasó una semana de ensueño, de tranquilidad, sin ruidos, portazos, juguetes por el medio y lo mejor de todo ¡Silencio!  Alfonso le había invitado aquella noche para salir a tomar unas copas a un local de striptís y no sabía que ponerse, debía estar muy atractivo. Revolvió los armarios buscando una  camisa negra de rayas que estilizaba su barriga cervecera pero no encontró casi ropa limpia. Bueno, pensó que estaría todo por lavar. Se dirigió a la sala de la ropa, una sala aparte de la casa donde estaban  algunos electrodomésticos de la casa, como la lavadora, la secadora la plancha y un congelador. Montones de ropa sobresalían del cesto, la mayoría de los días la echaba sin mirar y no había reparado en esa montaña sucia.

Se acercó al electrodoméstico, lo observó, estudió detenidamente el panel de botones donde parecía ser se encontraban las temperaturas, los diferentes tipos de tejidos, el tiempo de lavado y el centrifugado. Colocándose el dedo índice en el labio inferior se sentó enfrente y siguió observándola durante mucho rato. Por fin dedujo que si Josefa, una mujer casi sin estudios, sabía ponerla en marcha no debía ser difícil. Metió toda la ropa de la semana, con tres pastillas de un jabón que había por encima, cuando no cabía más la empujó con el pié y para cerrarla  se empujó con los pies en el armario de los útiles de limpieza. Por fin estaba cerrada. Temperatura caliente, definitivamente, mucho mejor –pensó-porque la suciedad saldría mejor y más fácilmente. ¿A cuánto? 90 grados por lo menos. Sonrió sumamente satisfecho ajustándose los pantalones en un gesto de pavo real.  Se fue al sofá y abrió su portátil, decidió contestar algunos mail atrasados ¡El bueno de Carlos y las guarradas que le mandaba! Jaja Sofia y sus mails de gatitos ¡A ti te daría yo otra cosa! ¡Ay amiga! Entre risas escuchó unas vibraciones y unos ruidos a los que su oído no estaba acostumbrado, con una ceja alzada se asomó al cuarto de la ropa y su boca se abrió de puro pasmo. 

¡El electrodoméstico  andaba solo! ¡Y expulsaba espumarajos por la boca! 


Todo el suelo estaba enjabonado y  crecía y crecía. Se batió lentamente en retirada sin quitarle ojo al aparato. Cuando éste dejó de moverse y de andar, comenzó a centrifugar y el alboroto fue sobrecogedor, pues todos  los objetos que se encontraban encima comenzaron a caer. Andrés no encontró otra solución que subirse encima del aparato para hacer de contrapeso y agarrarse para no caer. Aquello era kafkiano, nunca hubiese sospechado que ocurrieran estas cosas en su propia casa. El aparato fue perdiendo fuerza y tras unos jadeantes estertores se fue tranquilizando poco a poco. Andrés ya no respiraba para no enojarle más. Por fin todo acabó y abrió la puerta con la misma expectación que yo vi la apertura del ovni donde llegaba la familia de ET. Tendió las prendas amarrando unas  mangas con las otras, pues no pensó en los alfileres y cuando se retiró hacía atrás, para ver su obra de arte, sonriendo,  su mueca ufana quedó congelada ¡Su camiseta de los Sex pistols era del tamaño de una prenda de bebé! Sus calzoncillos, sus jerséis caros… todo pequeño.

Pálido, se retiró a tomar una cerveza para ahuyentar  la frustración y el desasosiego. Debía existir alguna forma de hacerlo en que no encogiesen las prendas ¡Pero cómo!  Podría llamar a Josefa y preguntarle pero…. ¡No, eso jamás! ¡Él era un hombre, coño! Inteligente, con un grado superior ¡Veía todos los documentales de la 2! No. Lo intentaría de nuevo. Compró ropa nueva, pues toda la suya estaba inservible. 

A la semana siguiente decidió volver a intentarlo, no sin antes reflexionar sobre el tema profundamente. Bajaría la temperatura. Así lo hizo, metió toda la ropa junta,  bajó también la cantidad de jabón, e incluso le puso suavizante. 

Miró al aparato de forma retadora, dio unos pasos alrededor,  sopesando al contrincante, y cuando el aparato comenzó a lavar Andrés se fumó un cigarrillo dispuesto a pasar todo el rato vigilando el proceso. Esta vez no hubo incidentes, todo se sucedió con una normalidad dentro de lo común en estos casos. Con la boca seca, abrió la puerta del aparato y esta vez no salió humo, su sonrisa alumbro toda su cara ¡Eureka! Echó toda la ropa en un cesto y se dirigió a la terraza a tenderla allí, pues el evento merecía la pena. El sol maravilloso de la tarde, perfumado de diferentes tipos de especias, le inundó la nariz de buenos presagios, tomó las pinzas de colores y cogió la primera prenda. ¡Rosa! Toda la gama de variantes del rosa se encontraban ondulando al sol, como banderas de desolación para su corazón destrozado. Un jardín entero de rosas rosas colgado de las cuerdas de su tendedero. Sus camisas finas sus polos de marca… Dios ¿Qué mal había cometido él para recibir ese castigo?


Continuará... (sólo dos capítulos más, no tembléis)

14 comentarios:

  1. Seguro que Josefa manipuló la lavadora.
    Menudas son...

    Pobre hombre.

    :P

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  2. ¡Fantástico! no lo había leído, espero ansiosa como sigue la historia. Josefa una santa!! jajajajaja se lo tiene merecido. Puagggg...

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    1. ¿No lo habías leído? Bueno, mejor jaja ya veras ya...

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  3. Jajajaja

    No conocía esta historia y, tal vez porque me ha cosquilleado alguna burbuja jabonosa, me has hecho reír y me ha llegado un soplo de frescor (¿qué suavizante usó Andrés?) que ha disuelto por un momento esta tonta melancolía primaveral que hoy me invade.
    Besos y mil gracias por imaginar y compartir.

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    1. Pues me alegro, Gondolilla, si te he alegrado un rato. ¿Que suavizante uso? Pues igual no era ni suavizante, vete tú a saber...

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  4. Vaya tipo inútil, si en vez de emplear su tiempo en ver futbol y películas porno hubiese ayudado a su esposa a hacer las tareas del hogar, se habría ahorrado la situación por la que estaba pasando. Pero bueno esta especie abunda...
    El relato es bantante gracioso e interesante, así que no te hagas de rogar para la continuación.

    Besos

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    1. Pues a petición tuya ya he colgado la segunda y penúltima parte.

      Gracias José.

      :)

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  5. Jajaja, buenísimo relato, niña. Voy a por el siguiente. Está de moda ir subiendo capítulos, por lo que veo...jaja

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  6. Esta es la visión que se tiene en general del hombre cuando está solo. Ya la he visto en incontables películas y series de TV. Tu relato es muy gracioso, Ángela.
    Sigo leyendo.
    Saludos.

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  7. Jajajaja, macho, chulo y pirulo!!!
    Ni con grado superior aprenden estos a utilizar los electrodomésticos de la casa.
    Muy buena entrada, Ángela.
    Un abrazo, corazón.

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  8. jajaj, muy divertido, cosas de internet que he atracado en esta bahía tuya de la que me voy a llevar un montón de víveres para continuar el viaje.
    Te sigo desde ya.
    Invitada quedas a mi blog y a quedarte si ves algo de interés.
    Saludosy achuchones
    http://montesinadas.blogspot.com.es/
    Montesinadas

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