martes, 18 de junio de 2013

José y su Claraboya



Hoy hace tres años que murió José Saramago. Debo reconocer que su peculiar estilo influyó muchísimo en mi forma de escribir, y es por eso, y por otras cosas que no os voy a contar, que me apetece mucho volver a hacerle un homenaje.

En todas las almas,
como en todas las casas,
además de fachada hay un interior escondido.
Raul Brandao

Recientemente he leído la última novela de Saramago que ha salido al mercado: Claraboya. Los que me conocéis sabéis de mi pasión por este escritor, así que os solicito un poco de indulgencia si me excedo en mis alabanzas. Cuando José finalizaba El evangelio según Jesucristo lo llamaron para ir a recoger el manuscrito de Claraboya, que había enviado cuarenta años atrás, escrito con la ilusión desbordante del que comienza en el mundo de las letras. Los aficionados a la escritura sabemos que aquel que envía un manuscrito  a una editorial  introduce también en ese sobre certificado la sangre de sus venas, sus noches en vela, sus desnudos integrales, los miedos y las llagas, sus vergüenzas, sus aprendizajes. Y cuando el silencio perdura en el tiempo el creador sufre de lutos, y le duele el duelo, pero otros vástagos en proyecto le necesitan. Y uno se olvida un poco de ese hijo y sobre esa paternidad crecen telarañas. Ésta es una metáfora más de las mías, pero ya me entendéis. Saramago simplemente se cansó de esperar la publicación del “hijo”. Después de cuarenta años, cuando la quisieron publicar él dijo que ya no era el tiempo. Pero Pilar del Rio, su esposa, la dueña del nombre pintado en el lateral de la barca blanca del maestro, ella, la que riega ese olivo donde reposan las cenizas del dueño de todos los nombres,  ése que tanto  adoramos, ella nos lo ha enviado por correo para que lo leamos, tantos años después.
Quizás el tema del libro no es demasiado ambicioso, sólo trata de las vidas de algunas personas que comparten vecindario ¡sólo! ¡Como si fuera poco! Gente anónima, corriente, gente como yo y como tú.
Y nos habla de la tristeza, de la conformidad de una puta mantenida, de la madre de esta, que se aprovecha y también vive de ella, de que el amor de una madre no siempre es  desinteresado. De cómo se puede fingir el amor y de lo que duele. Del amor pagado. Esta es la historia de Lidia, la mantenida.
Luego tenemos a dos hermanas solteras, Isaura y Andrea, a su amorosa y despistada madre y a la tía, hermana de ésta última, una mujer muy sabía. La historia de cuatro mujeres solitarias, humildes, trabajadoras, del amor que se busca de manera desesperada y de aquellas cosas que ensucian las relaciones y ya no se pueden perdonar.
Y de Carmen y su marido, una historia de rutina, tensiones, la disputa constante por el amor del hijo. Aquí Saramago está magistral, porque nos cuenta dolorosamente lo difícil que es la convivencia cuando ya se murió el amor hace tiempo. Y la mirada perpleja del hijo, que inocentemente presencia el combate entre aquellas personas que más le adoran.
¿Y qué puedo decir sobre el matrimonio de Justina y su esposo? Odio, asco, repulsión, infidelidad. Hay un momento estelar en el que ella se muestra desnuda de cuerpo y alma y él la ve entonces en toda su plenitud. Eres fea, le dice. Y ella le dice “si soy fea, mírame ¿Quién puede desearme a mí?” Desnuda, enjuta, con los pechos caídos y las piernas escuálidas; la mirada de ella llena de asco y de rencor, retadora, delante del marido, que la mira asustado y sorprendido. Sin embargo él ya no puede olvidar esa imagen de su mujer. La desea, desea esos huesos, esa carne seca y no puede pensar en ninguna otra mujer. El desenlace de esta historia es abrumador, extraño, sofocante.
Historias, historias cotidianas, como la del zapatero Silvestre y su esposa, y la amistad de éste con su alquilado. Conversaciones de náufragos sobre la vida; confidencias,  consejos, confesiones y conclusiones. Vidas que se cruzan y en ese intercambio de palabras se encuentra la esencia de la vida misma.
En esta obra intuyo a un Saramago joven, pero ya se vislumbra ese sello, esa impronta que tienen sus ensayos, esa forma suya de ver la vida.
Ha sido un verdadero placer volver a leerle, maestro Saramago.

26 comentarios:

  1. Y otro placer leerle a ti querida amiga. Yo no puedo hablar mucho sobre él porque el único libro que me leí fue su famoso Ensayo sobre la ceguera, pero me encantó. Ahora leyéndote me abres el apetito de ese genio de las letras y desde que termine el que me estoy leyendo (El tiempo entre costuras) me voy a leer alguno de Saramago. Espero tu recomendación. Besazo.

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    1. El primer libro que leí de él fue Todos los nombres, una historia de amor de lo más inusual. Me hice tal lío con los diálogos que continuamente tiraba para detrás y para delante, pero su forma de escribir me caló tan hondo que me enamoré perdidamente y ya no lo solté.
      Ensayo sobre la lucidez también me gustó mucho, bueno y luego está El evangelio según Jesucristo que es buenísimo, Caín...
      Gracias Morena mía. Un abrazo.

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  2. Un poema mío:

    JOSÉ SARAMAGO NO HA MUERTO.

    A las 17:37 de hoy martes
    veintiséis de julio de 2011
    ha subido al autobús
    de la línea número 17
    cerca de Plaza Cataluña.
    Ha caminado lentamente
    apoyado en su bastón
    y se ha sentado frente a mí.
    Iba a saludarle ilusionado
    pero su mirada de súplica
    me ha hecho desistir.
    Al llegar a mi parada
    me he despedido de él
    con una sonrisa cómplice.
    Quiere pasar inadvertido
    y no seré yo quien le traicione.

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    1. Tú quieres hacerme llorar...

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    2. Disculpa que me meta tía pero este TORO... me encanta!!! menudos versos!! ains... y que lejos lo tengo al joío jajajaja.

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    3. Bueno, mira yo lo tengo cerquita jajay te conozco personalmente a ti y a él no.

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    4. Qué cosas verdad??? qué dura esta vida ... jajajaja

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    5. Es que soy como Saramago, quiero pasar inadvertido...

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  3. Prometo leer a Saramago. Disculpa mi ignorancia...

    Muchos besos, Ángela

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    1. No digas eso, Luis, tu has leído unos autores y yo a otros. ¿Ignorante tu? ¡mira que te sacudo!

      Ya habrá tiempo de leer a Saramago... nos quedan tantos libros por leer ¿verdad?

      Igual no te gusta...
      Un abrazo, sureño.

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  4. Está bien leer a los maestros.

    besos.

    Emotiva entrada, abrazo.

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    1. Gracias Amapola, siempre es un placer tenerte por aquí.

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  6. Hola ricura. Me encanta Saramago y merece uno y mil homenajes. Pero tengo que ser la nota discordante. Como homenaje de tu pluma me sabe a poco. Tú puedes encender un hoguera armada sólo de un lápiz, puedes hacer consumirse la cordura de un hombre con una línea de tu prosa. Aunque quizás esté siendo injusto porque es difícil acercarse al genio.

    Me ha hecho gracia saber que también has leído El evangelio según Jesucristo. Uno de mis favoritos.

    Un beso y disculpa mi crítica torpona

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  7. Ganitas de leerlo amiga ;) besos.

    pd: envía una tortilla casolana para acá :)

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  8. De los maestros como Saramago se puede aprender mucho, es necesario tener un libro suyo siempre a mano.

    Besos

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  9. Lo amo, es de mis escritores favoritos también. Creo que leí todos sus libros, excepto el último que lo tengo en mi mesa de luz, todavía no tuve tiempo. Me encanta su estilo, es difícil pillarlo al principio, pero una vez que te acostumbras ya está. Me acuerdo lo bien que lo pasé leyendo Todos los nombres, ese en particular es uno de los que más me gustan suyos.
    Voy a empezar Claraboya hoy mismo, este post es una señal de que lo lea, jajaja.
    Un beso Ángela

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  10. Pues yo creo que es un tío super original, con unas ideas descabelladas en las cuales plantear sus ensayos, pero tía, las últimas publicaciones (al menos las que tengo yo aquí en la biblio) no hay un signo de puntuación en condiciones. Sé que lo ha hecho adrede, y sé que es un debate en los que entra sobre todo la manera de recepcionarlo, pero yo empecé con El evangelio según Jesucristo y lo tuve que dejar porque no conseguía hilar bien las frases. Eran párrafos y párrafos seguidos, sin puntos, sin comas, con mayúsculas sin más... En fin, que no pude. Tendré que cambiarme el chip?

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  11. Todos los homenajes que se le hagan a Saramago, son pocos. Un rarísimo ejemplo de sensibilidad y habilidad para las palabras, de una mirada crítica pero no exenta de la honradez de quién se reconoce en esos seres humanos que retrata. En fin, cómo pasa el tiempo. Tres años ya...

    Nos quedan sus libros y el recuerdo de una persona y un escritor excepcional.

    Un beso, Ángela.

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  12. Sin duda tengo que leer ese libro, me han fascinado sus personajes, todos guardan algo de uno mismo. Curiosamente poseo un par de libros de Saramago y no los he leido, me pongo manos a la obra estas vacaciones, sin excusas, ya.
    Un abrazo Ángela.

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  13. Ángela:
    De Saramago tengo tres libros, de los cuales leí dos (La balsa de piedra y Ensayo sobre la ceguera). Cuando inicié El Evangelio... no pasé de la primera página. Los temas religiosos me aburren y aquí el catolicismo no tiene la omnipresencia de la que goza en la cultura ibérica. Nos gobernaron los masones...
    El tipo escribía bien y planteaba revoluciones a su manera.
    A su favor diré que logró que leyese ¡dos novelas!, todo un récord para mi poco gusto por ese género.
    Un gran abrazo.

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  14. Un homenaje merecido, Saramago me gusta.

    He leído algunas obras suyas, ahora te he hecho caso y tengo: Ensayo sobre la lucidez, seguramente será una buena obra.

    La reseña, muy buena.

    Bssss

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Pienso que si te gusta el estilo de Saramago, si te gusta lo que dice y cómo lo dice, esa obra suya te va a encantar. Te recomiendo también Todos los nombres.

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