viernes, 4 de octubre de 2013

Sangre, mocos y lágrimas...




Yo era una niña flaca, endeble y con el pelo muy largo. Toda yo era ojos y rodillas. Mi madre me daba mejunjes raros para despertar mi apetito aletargado: yema de huevo mezclada con un vinito dulzón, que me dejaba contenta, pero sin apetito. Como era la más peque de siete hermanos cuando me decidía a comer, mi gran familia (hombres como osos, mujeres de buen comer, padre con bigote y apetito voraz, madre entrada en carnes) casi había terminado con todo; cuando recuerdo esto siempre me viene una frase a la cabeza “marica el último” y no sé por qué.
En aquellos tiempos teníamos un perro que estaba casi tan flaco como yo, llamado Rintintin y una perra muy vieja llamada Tula (este último nombre me sorprende muchísimo porque Tula es el nombre de un personaje de Unamuno y en mi casa solo se leían novelas de amor y al señor Marcial Lafuente Estefanía. El perro y yo pasábamos largos momentos observando la calle, él se ponía de pie y éramos más o menos de la misma altura. Ese querido animal un día desapareció de mi vida. Entonces no supimos por qué pero no le vimos más; luego supe que al pobre se le acoplaron unos parásitos (cual nave nodriza) y mi madre, preocupada por nuestra salud, ordenó a mi padre llevar al pobre can a “dar un paseo” del que no regresó jamás, como tantos españoles durante los malos tiempos de nuestro adorado país. Mi padre llegó cabizbajo y maldiciendo, luego se fue al bar a ahogar las penas, mientras la decrépita Tula ponía sus barbas a remojar, olfateando la ausencia del otro congénere. Con el tiempo también tuvimos un gato al que mi madre bautizó como “El moñas” que también desapareció, hecho este que disparó mi imaginación (ya exacerbada por aquellos tiempos) y me llevó a pensar mal de mi madre, que cada vez estaba más entrada en carnes.

Cuando perdí a mi perro Rintitin, que era por aquellos días mi mejor amigo, no tuve más remedio que prodigarle un poco de atención al hermano que, por edad, se ajustaba  más a mis necesidades e inquietudes. Este hermano en cuestión también estaba muy flaco, y no recurro al verbo estar en pasado para haceros entender que ahora está gordo, no, lo que ocurre es que a veces la vida es una mala puta y hace que este verbo duela de verdad. Como os iba diciendo, mi hermano estaba casi tan flaco como yo, pero él no era todo ojos y rodillas; él era todo orejas y cabeza, aunque con los años las orejas se plegaron a su cabeza como alas de mariposa, y la cabeza y el cuerpo se reconciliaron de manera aceptable. Los chicos, crueles casi siempre, se metían con él y le insultaban llamándole “cabezón” y “orejudo” o “ Dumbo”, y yo, que por aquellos tiempos ya devoraba las novelas del oeste de mi padre, sacaba mis puños a pasear y limpiaba el honor mancillado de mi hermano, que aunque no era muy fuerte era muy listo y tenía unos hoyuelos preciosos en las mejillas que, con los años, fueron el caprichito de las nenas. Con el tiempo nuestra amistad se hizo muy fuerte, tanto, que empecé a olvidarme de mi perro. Luego podríamos decir incluso que nos metamorfoseamos un poco: él jugaba a las casitas con mis amigas y conmigo, y yo, con el bolsillo lleno de canicas, repartía tortazos a sus amigos; cuando las cosas se ponían un poco negras (me ganaban los muy osados) soltaba yo alguna lágrima, dejaba temblar un poco mi barbilllita, y entonces los chicos me acariciaban el pelo  y me las secaban con la manga de su jersey, allí donde secaban ellos sus verdes mucosidades, pero no me daba asco, pues todo este tipo de fluidos siempre han unido a las bandas organizadas: sangre, mocos, lágrimas.

Mi hermano lo tenía un poco peor pues, a la hora del té, cuando las niñas nos juntábamos dejando a nuestros bebés durmiendo (emperifolladas Nancys) y hablábamos de asuntos femeninos, él se aburría soberanamente, hecho éste que no disimulaba nada  y enfurecía a las damas, que, decepcionadas y ofendidas, sacaban a relucir la peculiaridad de sus orejas y se reían del gran rodeo que se debía dar para ir de una oreja a la otra; mi hermano, sonrojado y triste se levantaba de la mesita y depositaba la pequeña tacita de plástico sobre la mesa y se marchaba, clavándome sus eternos ojos negros cargados de estrellas. En esos casos yo nunca lo defendí, pues eran cosas de damas y don Marcial no hablaba de cómo resolver estos asuntos tan turbios en sus novelas.


Ha pasado mucho tiempo, ha llovido muchas veces,  y ahora, que siempre le echo de menos, ahora creo que si le defendería de esas arpías sofisticadas.










40 comentarios:

  1. Te ha quedado una divertida versión de la famosa frase de Churchill: "Sangre, mocos y lágrimas".
    Saludos. Borgo.

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  2. Tus letras, aunque sean recuerdos, son siempre una caricia para los ojos y el alma.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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    1. Gracias Rafa.Te deseo lo mismo, un abrazo.

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  3. Que preciosidad de texto!! me ha encantado conocerte un poquito mejor, una familia numerosa es siempre una bendición, se nota los que han crecido entre hermanos. Lindos tus recuerdos Angela. Emotivos. Besos.

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    1. Bueno, han quedado muchas cosas en el tintero, como que teníamos un lavabo para nueve, y eso era francamente imposible Sé de buena tinta que alguno de mis hermanos machos se meaban en los geranios de mi madre jaja

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  4. Lindo homenaje con recuerdos valiosos, Ángela.
    Nunca dejes de escribir. Es un orgullo saber de tu infancia.

    Muchos besos. Salud

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    1. Solo siento que ese hermano, el de las canicas, no pueda leer estas locuras que escribo. Eso lo siento muchísimo. Gracias sureño, eres un amigo.

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  5. Anda que a mí me ibas a ganar a las canicas...
    Ni en sueños.

    Besos conmovidos.

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    1. tú con una tacita de té estarías tan mooooooooono jaja un abrazo, y gracias por venir a verme.

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    2. Te acabo de tirar la tacita a la cabeza...

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Nuestra infancia tiene argumentos para ésto y para más, y a ti te ha salido un relato de lo más tierno.

    Besos

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    1. Gracias, José. Todo lo que contiene el relato es cierto, a veces la lluvia me pone muy ñoña. Un beso.

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  7. ¡Cuántas veces uno quisiera volver a la niñez! Una época mágica en la cual ningún problema, por grande que pareciera, no podía ser resuelto por algún mayor amoroso y cuando todavía no había nadie a quien extrañar.
    Un beso grande

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    1. yo solo quisiera volver a la niñez para volver a sacudirle a esos amigos de mi hermano jaja la verdad es que con el tiempo uno de ellos (morenazo de ojos verdes) me dejó medio loca de amor, pero no me hacía caso porque yo aún era todo ojos y rodillas.Luego, cuando fui más cosas, se fijó en mi pero ya era tarde,porque se me había pasado el amor. Se la vie, que dicen los franceses

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    2. Bueno amiga, no hay que pensar solamente en eso ... jajajaj
      Un beso grande

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Que se sepa, al menos eres todo ojos aun. :D
    Menuda regresión! y que bien hilas todo. Genial Ángela. Un beso y buen finde ;)

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  10. Maravillosos recuerdos, Ángela! Con tanta familia no daba para aburrirse, eh??
    Una pena que ese hermano no pueda leer este retazo de vuestra infancia.
    Un fuerte abrazo, ojazos!!

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    1. Si, es una pena, Aurora; creo que él se hubiese reído mucho leyéndolo.
      Gracias, preciosa.

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  11. Jo, me das una envidia que no veas. Yo soy la pequeña de dos y mi hermano me saca 8 años. Es decir, somos dos hijos únicos. Siempre me han llamado la atención las familias numerosas y para qué decir que me hubiera encantado contar al menos con una hermana que no me sacara muchos años.

    El texto es dulce y me ha llegado muy dentro, niña. Gran homenaje a tu querido hermano.

    Un abrazo de osa.

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  12. Bueno con este hermano en concreto solo me llevaba dos años. Gracias, bella. Nah, de vez en cuando me da la vena y me apetece escribirle un poco, aunque él no lo lea.

    Bueno, las familias numerosas molan, pero para otros temas es un coñazo, pues cuando hay poco toca repartir y los pequeñajos siempre recibíamos todo usado. Pero los mimos eran muchos, eso si.

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  13. Cuando desnudas tu alma de esta manera me dejas acojonado. Supone una valentía de la que no sé si yo mismo sería capaz.

    De tu forma de escribir no digo nada, puesto que tú y yo ya sabemos lo que hay.

    Un beso, guapa.

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    1. Claro que sería capaz. Gracias, José. Otro beso para ti.

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  14. Hola, vengo desde el blog de Mario donde hablabas de tu gusto por el café, también yo pongo una cafetera antes de casi despegar los ojos. Atraída por tal casualidad llego aquí, y me encuentro con esta entrada que me ha deshecho con su ternura y su nostalgia. Has rescatado con tus palabras recuerdos de mi infancia con un hermano que ahora anda demasiado lejos. Realmente conmovedor. Me quedo por aquí a ver que más descubro .
    Un beso

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    1. Gracias Vesper. Yo quiero pensar, o al menos lo necesito, que ese hermano no anda muy lejos. Ojala que el tuyo tampoco. Un abrazo de esos que no necesitan palabras. Claro, quédate por aquí lo que te apetezca, mi casa es tu casa. Un beso.

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  15. ahora eres muy bella me gusta tu relato es facil de leer y tan ameno

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    1. Te recuerdo del blog de Julio. Gracias por venir, preciosa. Un besazo.

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  16. El relato es muy entrañable. Un mundo de seres inmensos y tragones visto desde los ojos de una chica flaca. Una niña flaca y menuda en un mundo de grandes y gordos.

    Y esa discreta manera de decir, sin decir, que tu hermano ya no está contigo.

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  17. Ángela, me ha encantado tu relato, precioso y sobre todo sincero. En general me parece adecuado el tono y el lenguaje. Sin embargo, tienes una fijación que me parece peligrosa. Las otras son todas unas arpías; en otro relato también hablas de las mujeres como sujetas que desean, por sus comentarios, que las den lo suyo. Me da la impresión de que te quedas en la superficie, juzgas lo que ves y lo que oyes como definitivo. Y no es así. Las otras presumen, vociferan, desean, pero a la hora de la verdad dirán que no están preparadas para nada. Y si tú tenías que defender a tu hermano, mal vamos. En fin, que me gustan esos temas y que podemos charlar todo lo que tú quieras. En mi blog tienes una entrada de hoy sobre la actuación de una cantante rumana que canta "Bésame mucho", como los ángeles. ¿Qué te parece? Quiero seguir dialogando contigo. Das una visión del ser humano que coincide con la mía, si no en todo, en parte. Un beso.

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  18. Sumamente nostálgico. Luego de tantas comedias, esto parece algo novedoso.
    Muy bello de leer, Ángela. Gracias por abrir las puertas de tu corazón.
    Saludos.

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    1. Has hablado de mi corazón y me ha venido a la mente una frase de García Marquez que llevé durante un tiempo como firma: "Mi corazón tiene más cuartos que un hotel de putas".

      Gracias Raúl. Un abrazo.

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  19. Supongo que el final de este hermano tuyo puede tener que ver con tus misteriosas palabras de dolor en Abretelibro. Si es así lo siento mucho. Tú no solo nos lo trajiste, también nos enseñaste a quererle y ahora lo sentimos contigo a flor de piel. Cuidate mocosa.

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  20. Es bueno mantener nuestros recuerdos; tambien es bueno compartirlos (cuando se puede) y si aún encima se escriben así, mejor. De cada anecdota, recuerdo, vivencia, ganamos muchas reflexiones, propias y ajenas. Saludos y besos, Angela.

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