domingo, 15 de febrero de 2015

Palabras de amor, sencillas y tiernas.

Caminaba yo aquella noche de invierno tiritando como un pajarito perdido cuando llegué a aquel lugar donde se me juraba calor, compañía y bebida caliente. Había en la puerta un payaso aterrador que me sonreía con sus dientes lobunos y su mirada inocente. Mala mezcla, pensé, nunca esas dos expresiones del rostro deberían lucir juntas. El payaso llevaba una lira en la mano y el lugar en cuestión era uno de esos que las mujeres decentes evitan y que las viejas cruzan rápido encomendándose a la virgen de turno cuando, sin querer, lanzan una mirada hacia adentro y ven un pecho, un ombligo o un culo dividido en dos como dos mitades de una manzana jugosa.

El payaso me invitó a entrar y en sus ojos vi una lágrima que no era tal, que era una lágrima dibujada, pero no dejaba por eso de ser una manifestación de la pena. Entra, insistió, es un mundo de locos y por eso es agradable. Soy enfermera, le dije, y me llamo Nieves. Esto está lleno de nieves y de tormentas, me contestó. Tenemos todo tipo de fenómenos, desde hombres topo hasta cuervos parlanchines. Y podemos ofrecerte una sopa de rana recién hecha para que dejes de tiritar. Podemos, siendo muy magnánimos, incluso dejarte que tú la introduzcas en el agua hirviendo, a la rana. No sé por qué pero eso me sedujo mucho y repitiéndole que soy enfermera, me dejé empujar hacia el interior. Pero esto es un club de alterne, dije una vez dentro, y huele mucho a sexo. ¿No te gusta el olor a sexo?, preguntó él. Sí, respondí turbada ¿Mira, ves aquella mujer imponente e importante? Es la diosa entre las diosas, la llaman Ororo, pero podrían llamarla Ciclópea, Colosal, Mágica. Es la dueña de las palabras indescifrables, dijo el payaso. ¿Es la camarera? ¿Ella me dará esa bebida caliente?, pregunté al payaso de dientes lobunos. Ella te dará café mientras te cuenta al oído que le gustaría ser más alta que la luna, dijo y me dio un empujón tan fuerte que acabé escorando entre los pechos descomunales de aquella diosa rubia.

Intentando, sin demasiado empeño,  escapar de aquellos pechos embriagadores, le pregunté a la mujer que porqué quería ser más alta que la luna, pero ella no me dio ningún tipo de explicación, solo me acarició el cabello y después de mirarme a los ojos me dio un largo beso, un beso húmedo y cálido que me alborotó por dentro y despertó monstruos dormidos y despertó palabras escondidas y derritió todos mis hielos. ¿Cómo te llamas, mujer de los ojos color cobalto?, dijo la diosa. Me llamo Nieves,  balbuceé. Puede que te llames Nieves, pero para mí serás La Arquera, porque tienes mirada de cazadora. Soy enfermera, dije ¿Y qué tipo de animales cazas, Arquera?

Me disponía a responderle que adoro los animales y que jamás cazaría ninguno cuando, montado en un trapecio, un hombre, que luego se presentaría como El cuervo blanco, aterrizó justo a mis pies. Llevaba el cuerpo pintado de oro y los atributos al aire y le pregunté a la mujer  de los besos derretidores cuál era el motivo de que todo el mundo estuviese desnudo. Es que esto es un puticlub, dijo ella, ¿No lo sabias? Si, dije, ruborizada. Pues quítate la ropa que aquí no la necesitamos, nos bastan las palabras,  dijo El cuervo blanco, mientras su miembro me miraba con su ojo acusador. No sé, yo solo paseaba, no pensaba entrar, dije. Eso es lo que todos dicen, pero luego nunca quieren marcharse, dijo El cuervo. ¿Por qué te llaman el cuervo?, pregunté. Porque soy un cuervo atrapado en el cuerpo de un hombre, dijo, pero cuando no vuelo me dedico a escribir. O sea que eres escritor, dije. Sí, pero no vendo libros, solo escribo porque si no lo hago no puedo volar. ¿Cómo es eso, pregunté? No creo que deba responder a esa pregunta, enfermera, sería como preguntarte a ti porqué te dedicas a sanar a los enfermos. Callé, porque nunca un animal volador con un falo enorme me había dicho una verdad tan aplastante.

Ven y toma una bebida caliente, dulce Arquera, me dijo la mujer de los pechos de ébano. No puedo, ahora mismo me dirigía al buzón. ¿Esperas acaso una carta de amor?, preguntó burlona la mujer de los pechos perturbadores. Nunca me han escrito una carta de amor, dije apesadumbrada.

Cuando dije estas palabras algo estalló en aquel lugar. Pienso que fue un trueno, y por pensarlo me subí el abrigo para guarecerme del frío.

¡Nunca te han escrito una carta de amor! Exclamaron todos a coro, una y otra vez, como si de una canción se tratase. Nunca le han escrito una carta de amor, se gritaban unos a otros. El telón se levantó y bajó, se levantó y bajó, como parpadeando de asombro. Asustada, quise marcharme, y en ello andaba cuando El cuervo se acercó volando y me despojó delicadamente de mi pañuelo, dejando mi cuello al aire. ¡Mirad que cuello!, dijo la diosa de ébano, es un tallo de alabastro puro. ¡Con este cuello  y nunca le han escrito una carta de amor! Y diciendo esto se colocó detrás de mí,  despojándome, lento, lento, de mi ropa. Yo notaba en mi cuello su aliento atormentado con olor a orujo bebido en la soledad de las  noches interminables y en mis clavículas estremecidas sus manos, que se movían como vórtices de viento. Soy enfermera, dije con la nuca erizada de placer, y a veces digo palabras que se enredan en el viento, pero es cierto, nunca me han escrito una carta de amor. Nada hay más romántico que el ulular del viento en los oídos cuando te trae palabras de amor, dijo la diosa. Escucha:

Una carta de amor empieza desde lo más hondo del estómago, dijo una rana correosa saltando y posándose sobre mi hombro desnudo. Una carta de amor comienza cuando me asomo a tus ojos de mares revueltos y me caigo y me ahogo y cuando por fin puedo salvarme ya no quiero, dijo un pobre perro escuálido que apareció mojado y lleno de pulgas. Es el perro del payaso, dijo la rana, pero no le hagas caso, que está loco.  No lo echamos a patadas porque a veces cuida muy bien de las ovejas. Si tenéis ovejas supongo que también tendréis un pastor, dije asombrada. Aquí estoy, dijo el pastor. Tengo una pesadilla, musité, pero la rana dijo que no, que ella era la dueña de las pesadillas. Soy el pastor de las ovejas, dijo, pero en realidad lo que a mí me gustan son los tigres blancos de ojos azules. ¿Entonces es esto un circo de animales? No entiendo nada, dije, exhausta, yo solo salía de mi casa para dar un agradable paseo. No, tú saliste de tu casa porque nunca te han escrito una carta de amor, trinó alegremente un jilguero de asombrosos colores. Una carta de amor se escribe contemplando como sube la marea cuando la luna caprichosa se derrama entera sobre el mar para peinarse sus cabellos de oro, mientras éste, avergonzado se sube sus enaguas de espuma para cubrir sus vergüenzas, dijo el pajarillo conmovido, aunque a mí me gusta mucho más escribirla desde la sombría quietud de un cementerio, porque nada hay más romántico que la luna recostándose sobre la espada de un ángel que custodia los sueños de un finado feliz. A veces cuando el finado es infeliz, la luna y yo nos ocupamos de buscarle un lugar más apacible. Y el pajarillo, que era tierno e inocente me despojó de mis bragas y ya no supe qué decir.

Desnuda, en medio de aquel extraño lugar donde la lluvia arreciaba dije: me voy a marchar. Puedes hacerlo,  dijo un topo, allá afuera no llueve, es mucho más seguro y fiable, pero mucho más aburrido. Si te quedas aquí, con nosotros, podremos seguir dedicándote palabras de amor, palabras sencillas y tiernas. Y si quieres, además puedes disfrutar del espectáculo, sonrió el payaso lobuno. Ahora comienza la actuación más sorprendente del mundo, susurró en mi oído Casiopea, la estrella, que no sabía yo que hacía allí, pero cuando una mujer es despojada de sus bragas por un ruiseñor poeta ya no pregunta más.

¿Y quién actúa?, pregunté tapándome los pechos con una mano y el sexo con la otra. Una alemana loca luchará contra un robot desengrasado, dijo el payaso de la lágrima. ¿Y eso es normal?, pregunté. Si, por supuesto, lo que no es normal es que esté desengrasado, pero esto es simplemente para darle ventaja a la alemana, que se nos ha vuelto loca porque lleva muchas noches sin dormir. ¿Por qué?, pregunté curiosa. Para su pérdida de cordura alega que su gato se escapó por los tejados, y que cuando fue a buscarlo vio una pelea de navajas en un callejón oscuro. La pelea era por culpa de una hembra de piernas interminables que se apoyaba en el quicio de una puerta de un local de Jazz. Dice que perdió a su gato pero se enamoró de las piernas infinitas de la mujer y desde entonces ya no es la misma. ¿Era muy guapa la mujer de las piernas infinitas?, pregunté. No lo supo nunca, porque nunca acabó de mirar las piernas de tan largas que eran. ¡Oh! Exclamé, apenada. ¿Vencerá al robot?, pregunté mucho más interesada por la lucha. No, si estuviese engrasado adecuadamente podría ser, porque es una máquina de precisión sin sentimientos, pero en estas circunstancias no creo, dijo el payaso ¿Por qué?, volví a preguntar. Porque la alemana es esquiva, se mueve rápido y un robot sin aceite solo es un tontorrón lleno de tornillos oxidados. Puedes apostar si quieres, dijo el payaso. Apostaría, pero estoy desnuda. No sólo se apuesta con dinero, dijo el payaso guiñándome un ojo, por cierto yo me llamo José y en mis noches de locura también soy escritor de novela negra, cualquier mariposa negra que veas volando es obra mía. ¿Tú por quién apuestas?, dije. Por la alemana, por supuesto, ya te he dicho que está loca y yo solo me siento feliz cuando estoy entre orates o asesinos. ¡Ah! Dije yo.

¡Que le habéis hecho al robot! -Aulló la alemana, con los pelos flotando como tentáculos de medusas- ¡No se mueve de manera lógica! Y suena como los huesos de un viejo, o como una cama oxidada bajo el cuerpo de dos amantes encendidos, o como las tripas de un viejo galeón cuando se estrella contra las rocas en una noche oscura, o…. ¡Dios, que pesada es la pobre!, dijo el payaso. Se cree que es la reina de las metáforas. Su verborrea es insufrible.
Si te acobardas lo dices y punto, chirrió el robot. No lucharé contra una lata de atún oxidada y quejumbrosa, gritó la alemana, y bajándose enfurecida del escenario se acercó a mí. Cuando estuvo a mi lado apartó mis manos de mi cuerpo y observando mi frágil desnudez dijo así:

Se rumorea que nunca te han escrito una carta de amor. Y yo creo en los rumores ¿sabes por qué? Porque cuando llega el tufo de un rumor la verdad viene detrás galopando a buen paso, dijo la alemana loca. No eres fea, ¿cómo es que nunca has provocado en alguien unas simples palabras románticas?  

El robot chirrió, confuso y dijo: ¡Ni una carta! ¡Eso no es posible! Todos rodearon a la arquera, el perro se tumbó a sus pies, la rana se escapó de la olla, el hombre topo llegó rodando, porque en los últimos tiempos había renegado de ser un topo y quería ser una sandía en un cuerpo de melón, Casiopea alumbró el lugar encendiendo, para el evento,  la constelación de Berenice que es la más hermosa, un dragón que pasaba por allí vomitó un poco de fuego para caldear el ambiente,  con tan mala fortuna que asó a un pobre murciélago que volaba perdido, y el hombre cuervo tuvo a bien mantener su falo mustio por un rato para no acaparar protagonismo.

El payaso colocó una estrella de mar en el pelo de la arquera y le dijo: si nunca te han escrito una carta de amor tus cajones siempre estarán vacíos de primaveras. Vacíos de primaveras, vacíos de primaveras, repitieron todos como una letanía. El perro de las pulgas lloró  amargamente y ladró: si te sirve de consuelo a mí me gustas más que un caramelo de fresa, me gustas más que un atardecer que se desangra a borbotones sobre los tejados pardos, me gustas más que la lluvia cuando cae mansamente sobre los chopos deshojados, incluso me gustas más que enterrar un hueso de pollo en un descampado inhóspito. Las palabras del can me hicieron llorar y lloré mucho. Nadie, nunca, ni humano ni divino me había dicho unas palabras tan hermosas. ¿Puedo llevarme al perro?, pregunté hipando de pena. Las ovejas se quedarán sin vigilancia, dijo el pastor que además de pastor también era capitán de un barco, pero sí que puedes.

Ahí tienes tu carta de amor, arquera. Sí, puedes llevarte ese flaco saco de pulgas, pero recuerda que debe dormir bajo las telarañas, que es lo que más le gusta en el mundo, dijo el payaso de la lágrima y mientras me daba estos consejos me acompañó hasta la calle. No llovía, aunque la noche caía helada; en los callejones oscuros el último gato  perseguía, enamorado, a una hembra pelirroja de seductores maullidos, mientras a lo lejos un alma rota comenzaba  a tocar una melodía desencadenada que se elevaba, doliente sobre los tejados. Los lamentos del saxo me trajeron a la memoria la imagen de una mujer de piernas infinitas.








14 comentarios:

  1. Relato fantástico pero lleno de sensibilidad.
    Un abrazo y feliz domingo.

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  2. ohhh totalmente onírico..tuve que volver dos o tres veces a empezar por si me había perdido algo.. pensé que era un sueño,tiene todos los ingredientes. Fluctuar entre el relato fantástico,y la narración de un sueño lleno de simbología! Me gustó muchísimo.

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  3. Lunilla,esta es una de esas cosas que uno debe leer con la mente abierta, dejándose llevar y sin preocuparse demasiado de si lo ha entendido o no. No sufras. Si te ha quedado algo de belleza en el corazón yo me voy más contenta que unas pascuas. Sueño, paranoia.., ¡qué más da!.. un abrazo mu grande.

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  4. Un relato muy hermoso, con mucho mensaje oculto, sobre la soledad de quien nunca ha sido amada. Me ha gustado como nos haces pensar. felicidades.

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    1. Me alegro de que te haya gustado, Ximens. Sí, en verdad está un poco dedicado a toda esa gente que no tiene una primavera que llevarse a la boca. Gracias, compañero.

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  5. Una historia sorprendente. Me ha gustado mucho el tema que has tratado. Una carta de amor se escribe desde lo más hongo del estómago.
    A sus pies, amiga Ángela.

    Un abrazo.

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    1. Eso siempre, Aurora. Desde lo más profundo de las tripas. A mis pies nunca, mejor a mis brazos.

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  6. Amiga Ángela. Me ha gustado infinito. Me he sumergido y he visto todo como lo he leído. Incluso no me he dado cuenta de la ausencia de guiones hasta casi el final. No hacen falta. Los diálogos se intuyen a la perfección. Y decirte que es muy erótico. Que es muy loco y circense. Es un espectáculo.

    Un fuerte abrazo y enhorabuena por esta obra que merece un librito, o un corto, o un relato en un blog maravilloso.
    Desde la carretera secundaria y ahora también desde los ríos de tinta, un lector orgulloso de leerte.

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    1. Allí nos vamos a ver, sureño, entre esos ríos de tinta. Gracias,bonico.

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  7. Ah, me vi envuelto en una pesadilla surrealista, romántica y erótica. De esas en las que inevitablemente te despiertan excitado en todos los sentidos. Tenés talento para alborotar los pensamientos de tus lectores, Ángela.
    Fascinante historia.
    Saludos.

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  8. Alucinante, surrealismo puro mezclado con altas dosis de cariño hacia personajes que reconozco (de cierto foro literario, ja,ja) y el drama de un alma que nunca recibió una carta de amor, aunque al menos se va de allí acompañada por el perro que le dice "en audio" continuamente las palabras que bien podrían ir escritas en una de esas cartas.
    Gracias por tu increíble capacidad de crear mundos llenos de humor, emociones profundas, locura, homenaje a otros autores/as. Eres grande, pequeña!
    Tu ratita

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