domingo, 3 de enero de 2016

La sonrisa del melón, la historia de un asesino a sueldo

Reseña de la novela de Carlos del B. Iglésias, amigo bloguero y ahora escritor mordaz.

A Carlos lo conozco desde hace unos años. Lo conozco (viva la redundancia) como se conoce a la gente que no se ha visto nunca personalmente,  a través de lo que escribe. Tiene un blog, como casi toda la gente con la que suelo interactuar en este mundo de las redes. Un blog donde cuenta medias mentiras o medias verdades, según se mire, y lo hace muy bien. Tiene una foto de perfil en la que posa de perfil y así es como yo le llamo amigablemente. Todo eso sé de él. Lo que yo no sabía es que el jodido iba a escribir una novela capaz de mantenerme en vilo hasta el final. No es coña, no es peloteo, no me hace falta. Yo me fijo mucho en la forma, además de en el fondo. Aquí ambos casan bien. La forma es sencilla y certera, visceral, sin rodeos, Carlos no se anda por las ramas. No hay paisajes imposibles, no hay descripciones interminables. No hay sopor.

En cuanto al fondo: ¿Sabéis? Es como en una partida de bolos. La lengua mordaz de Carlos es la bola. Políticos, canallas (igual sobra la coma que separa estas palabras), banqueros, gentuza al fin y al cabo. Corrupción. Todos son derribados. Ya os he dicho que su lengua es letal.

Sí, Alex Ford es un golfo bueno y es también un asesino a sueldo que mata por principios. No hay lucro. Es un asesino que escucha a Sabina. Cuando yo pienso en un asesino lo imagino con los ojos muertos de un tiburón muerto. Alex es un tipo que se ríe con sus amigos, que come, que folla, que está muy vivo. Eso me ha chocado,  porque he acabado empatizando con él. Y pienso que eso es difícil de conseguir. Yo sólo he simpatizado en el pasado con el gran Dexter Morgan, amo y maestro del plástico y el estilete.
El amor. La historia de amor entre el asesino a sueldo y la niña rica me gusta. Se conocen por internet, cosa muy común en la actualidad. Y como el grueso de la gente que se conoce así, se van desnudando, se van imaginando, y acaban por desearse terriblemente. Os resultará familiar. Al final uno acaba casi desnudo, metafóricamente hablando,  delante de la pantalla. Es el poder de las palabras.  

Ese tira y afloja entre la niña rica y Alex os gustará. Es sugerente, es sensual.
Y ya no os cuento nada más. Leedlo. Y no tengáis miedo de entrar en el mundo de Alex Ford. No temáis. Según el maestro de los pueblos sin bar y de los abriles robados: las malas compañías son las mejores.

Por ponerle alguna pega confesaré que la portada y el título no me gustan nada. Que me perdone el creador de la primera y el ideador del segundo. 

Eso, que me ha gustado mucho. Buen trabajo, perfil.







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