viernes, 29 de abril de 2016

De cuando Alonso Quijano recibe una carta de la sin par Dulcinea

Homenaje distópico a nuestro caballero de la triste figura o una berlinada más...






En cierto lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme ocurrió muchos años ha que un mozo de cuadras, gordo y cuadrado de la cabeza, llegó hasta los aposentos de su señor y le dijo así:
—Mi señor, traigo esta carta para vuestra merced.
—¿Y qué puño la ha escrito? Dámela presto.
Alonso Quijano, noble flaco y de barba enhiesta como lanza de caballero tomó la misiva entre sus manos descarnadas y leyola con gran interés y expectación. El mozo, que no habíase movido del sitio no fuera a ser que su señor lo requiriera para algún menester, como bien podía ser la contestación de la carta, esperó con la cabeza gacha y la oreja puesta por aquello de no perderse ninguna exclamación sustanciosa que transmitir luego saboreando una cerveza en las ventas.
Y vio el mozo cómo su señor levantaba las cejas abriendo muchos los ojos demostrando con este gesto un gran desconcierto y cómo se mesaba la barba rala y entrecana después. 
—¡Qué clase de burla es esta! Chico, pareciome al leerla como si esta carta no fuera dirigida a mí. ¿Estás seguro que entendiste bien? Mira que tus entendederas son cortas.
—Una dama de una gran fermosura dijo que os la entregara a vos en mano y a nadie más que a vos, so pena de mandarme algún vasallo para que me atara a un árbol y me diese de golpetazos si no cumplía su recado de entregarla a quien ella llamó su «desfacedor de entuertos y sinrazones».
—¿Llamome así esa dama? ¿Y dices, mozo, que es fermosa?
—Como dos alondras blancas son sus manos, mi señor, y su cintura estrecha como junquillo. De su rostro no me atrevo a hablar, pues palabras que describan tanta fermosura yo las desconozco. Dijo llamarse Dulcinea del Toboso, mi señor.
—Dulcinea del Toboso. ¡Bonito nombre! Mas no entiendo una palabra de lo que cuenta esta carta. Vete, rapaz, que no tengo contestación aún para semejante despropósito. Te haré llamar cuando la tenga. Ve con Dios.
Marchose el mozo apesadumbrado por no llevar respuesta a la bella dama que tantos reales le había dado por llevar a cabo la encomienda y cuando Alonso quedó solo volvió a leer la carta, que decía así:
«Mi admirado Don Quijote de La Mancha:
Llegáronme hasta los oídos vuestras esforzadas gestas en nombre de mi fermosura y más agradecida y orgullosa no cabe estar. Dicen de los desaforados gigantes que vos espantásteis, que andaban a sus anchas faciendo bellaquerías y aplastando propiedades con sus pies descomunales. Como se trataba de cuarenta o más nadie osó plantarles batalla ni enseñarles lanza y ahí que fuisteis vos sin pensarlo ni un momento. Cualquier otro caballero andante hubiera rehusado semejante fazaña y hubiera puesto tierra por medio. Mas no vos, que de todos es ya sabido que desoyendo la razón de vuestro humilde escudero, Sancho Panza, que os dijo que eran demasiados para vos, salísteis a campo abierto a plantarles cara. Luego supe que uno de los gigantes, el más grande y peligroso, lanzóos por los aires, yendo a caer muy lejos, dolorido y maltrecho. En la carrera dijeronme que gritásteis mi nombre y que os encomendásteis a mí, llamándome vuestra señora».
Llegado a este punto de la carta Alonso hizo comparecer a su sobrina y enarbolando la carta dijole así:
—Haz venir al vecino labrador Sancho Panza.
El labrador en cuestión recibió la noticia con sumo alborozo y montando presto a su jumento apareció a las breves a las puertas de Don Alonso y hasta los aposentos corrió loco de alegría por saludar al noble ilustre.
—¡Cuánto me alegro de vuestra mejoría, mi señor! Doy fe de que ese gigante os lanzó tan lejos que requerí del pollino para llegar hasta vuestro cuerpo maltrecho. Pero vive Dios que nunca vi retroceder enemigo alguno con tanta prisa. Decidme ya cuando emprenderemos la marcha, que ardo en deseos por seguir con nuestras aventuras. No olvidéis vuestra promesa de hacer de mí un hombre rico y famoso. 
—¿De qué diablos hablas, sencillo labrador? Pareciera que estáis todos confabulados en mantener este disparate de los gigantes. ¿Es acaso todo esto una broma infame de mal gusto?
Como Alonso movía las manos y abría mucho la boca llevado por el desconcierto pareciole a Sancho que espantaba moscas y solícito dijo así:
—Vaya con cuidado mi señor, mire que en boca cerrada no entran moscas. A mi señora una destas que rondan la mierda le entró por la boca y le anduvo volando dentro del estómago hasta bien pasados unos días. Luego subiole a la cabeza y ahí se quedó. 
Y como fuera que el noble Alonso miró con perplejidad al servil labriego este fue más allá y dijole desta manera:
—¿Acaso mi señor ha desistido en su afán de desfacer entuertos y socorrer a los menesterosos? Si el entendimiento no me engaña fue eso lo que juró cuando fue armado caballero por el señor del castillo, allá por los campos de Montiel. O eso dijome usted. Y luego prometiome hacerme gobernador de una ínsula, y hasta dijo que si faltaba ínsula estaba el reino de Dinamarca o el de Sobradisa que me iban a venir como anillo al dedo.
—¡Alto! ¿Armado caballero yo? ¿Por el señor de un castillo? ¿Qué castillo? ¿Qué señor? ¿Una ínsula? Por la pluma de Amadís de Gaula que no sé de qué me hablas, estúpido labrador.
—Virtud es contar las cosas bien. Óigame pues: vuestra merced dijo que llegó a un castillo con cuatro hermosas torres y chapiteles y que allí el señor de esos dominios os rindió la pleitesía que vos merecéis y que lindas doncellas que allí se solazaban alegres os agasajaron con deliciosas viandas. Contome también usted que le rogó al señor de esos vastos dominios que le nombrara caballero, y que ese buen señor se prestó a vuestra petición mandando tocar el cuerno a un enano sirviente para que de todos fuese sabido que se acercaba una ceremonia importante y que no sólo le dio un buen yantar sino que le aconsejó de velar las armas en el patio. Cosa que vuestra merced hizo. Y que antes de darle el espaldarazo tuvo que luchar mi señor contra algunos indeseables que intentáronle robar sus armas. Y que desde entonces ya no es Alonso, sino Don Quijote de La Mancha, noble hidalgo caballero. ¿Qué le ocurre, mi señor, acaso el golpetazo del gigante nubló todos sus recuerdos?
Como fuere que Alonso miró perplejo al labriego este dijo, y no se sabe por qué, que por la noche todos los gatos son pardos y que no hay mal que por bien no venga. 
Llegado a este punto de la plática y comprobando Don Alonso que tal despropósito no iba por buen camino o tan siquiera por ninguno, decidió poner punto y final a tan absurda escena y acompañando al labriego hasta la puerta anunciole así:
—Sabed, buen hombre, que vuestra lengua y la mía fluyen como dos ríos paralelos que nunca se juntarán en ningún punto de su orilla y que por mucho que dialoguemos no llegaremos a entendimiento alguno. Vos, hombre rudo, apoyáis todo vuestro discurso con extrañas muletillas que no entiendo ni comparto, pues de noche todos los gatos no son pardos, que algunos son blancos como el armiño y los males cuando acechan no vienen con ningún bien escondido entre sus fauces malignas. Por eso os convido, servil jornalero, a marchar con Dios y os aconsejo que os olvidéis de todas esas extrañas historias de caballerías que os han echado a perder el juicio. Montad en vuestra vieja mula y volved a vuestro melonar y olvidaos de esa ínsula inalcanzable. Aceptad que sois pobre y lo seréis toda la vida. 
Y ansí, de este modo y no de otro, fue como Alonso Quijano despidió al bueno de Sancho Panza, que quedó a todas luces desolado. Tal fue la decepción del labriego que en llegando la noche decidió a la sazón realizar el mesmo sus sueños de grandezas y enfrentarse en soledad a todos los gigantes venideros. Como su esposa era una mujer muy gorda y muy fea y ese entuerto no había manera de desfacerlo imaginó una hembra de todo punto exquisita para investirla en su dama y así fue como nació Tolobea del Donoso, nombre por lo demás muy parecido al de la dama de su antiguo señor don Quijote. Y aunque su mula no alcanzaba el prestigio del rocín de su amo, que aunque hético y enjuto andaba más alto en la pirámide de la nobleza animal, pensó en buscarle un nombre que importancia le diera luego al correr, más bien trotar, en el transcurso de la batalla. Y así fue que la bautizó como la Jumentosa.
En teniendo todo preparado para partir se le ocurrió la feliz idea de acudir antes a su señor para que este le armara caballero, que no conocía Sancho a nadie más cursado para realizar tal menester. Coligiendo pues que más valía malo conocido que bueno por conocer montó sobre su mula Jumentosa y volvió a la casa de su antiguo amo. No fue sino poner los pies allí que escuchó voces y gritos provenientes de una voz desconocida. La voz decía así:
—Alonso, no creo que entendáis el alcance de vuestra rebeldía. Loco os creé y loco deberéis estar durante toda esta novela, que no es vuestra ¡Que es mía! Como personaje principal os ordeno que os dejéis llevar por la sinrazón. No luchéis contra la locura que yo no os hice para luchar contra ella, sino contra molinos, arrieros y clérigos y para que vierais en humildes cabreros a gente de bien con quien sentarse a yantar queso y bellotas ¿No veis lo que ha sucedido? ¡Ah ingrato! Pues ni más ni menos que vuestra recuperada cordura ha desnivelado la historia y los cuerdos y sensatos han debido tomar vuestro papel de orate para equilibrar la armonía de mi historia, pues de todos es sabido que en el mundo hay cuerdos y locos y ni todos pueden estar locos ni todos cuerdos. Pero el que estaba loco no puede volverse cuerdo.
Miguel de Cervantes daba vueltas en el aposento con las manos agarradas tras la espalda como animal enjaulado echando espumarajos por la boca. Alonso mirábale con espanto cuasi oculto tras las cortinas. En un arranque de valor díjole así:
—¡Eh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, ahora mesmo os ordeno que salgáis de mi casa! So pena de ser lanzado a la calle como un perro por mis criados. ¿También vos estáis loco acaso? Si no os marcháis…
—¿A quién llamarás si no me marcho? ¿Al gallardo Sancho Panza para que os saque de este entuerto?... ¡Ah desgraciado! ¿No entendéis que sois y seréis el mejor personaje de toda la historia de la literatura? Os he inventado loco y soñador, sí, pero os he hecho así para que viváis una vida diferente al resto de todos los personajes existentes y por venir ¿Acaso pensáis que todos los personajes tienen esa suerte? Nunca más un hidalgo batallará contra molinos de viento creyendo de corazón que se trata de una cohorte de gigantes furibundos. ¿Por qué queréis estar cuerdo? Dejad eso para los demás, para los aburridos, para los conformes. Y dejad que el pobre de Sancho Panza recobre su papel de escudero parco y refranero, que él no fue escrito para plantar batalla, ni para discernir, ni para bien hablar. ¿Y qué me decís de vuestra amada la sin par Dulcinea del Toboso? ¿No entendéis acaso que con vuestra actitud hacéis peligrar la mejor historia de amor?
—¡No sé quién sois y no entiendo nada de lo que decís! ¡Sobrina! ¡Sobrina!—chilló Alonso respirando con dificultad.
A los gritos de Alonso acudió no solo la sobrina sino también el barbero, que andaba practicando una sangría a uno de los sirvientes.
—¿Qué acontece? ¡Esos gritos!—dijo el barbero.
—¡Amigo! Que dice este canalla que el día que transcurre, que el sol que alumbra en el cielo, que nuestros latidos y nuestra sangre son obra de él. ¡Loco! ¡Estáis todos locos y yo soy el único cuerdo! ¡Locos! ¡Locos! ¡Lo…cos…lo…
Desta manera el pobre Alonso agarrose el corazón y con los ojos desencajados deslizose poco a poco hasta el suelo; en llegando y a medida que se le nublaba el pensamiento con una especie de sustancia lechosa fue recordando de pronto los caminares garbosos de su amada Dulcinea, la profunda negrura de sus ojos y la palidez de su cuello largo como un cisne.
A punto de expirar y levantando su descarnado dedo dijo así:
—¿Eso que se ve a lo lejos no son gigantes, amado Sancho? Dadle fuerza a mi corazón avasallado, amada Dulcinea, para librar esta batalla.


...


13 comentarios:

  1. Has sabido darle vida a una visión particular del inmortal Quijote, con la gracia tan peculiar a que nos tienes acostumbrados. ¡Te felicito!
    Un abrazo y feliz fin de semana.

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  2. Excelente! tus registros son sorprendentes! Me encanta como escribes!

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  3. Oh, pobre don Quijote. Qué bonito el giro kafkiano que le has dado. Que sea él quien reciba carta de Dulcinea; que sea Sancho Panza quien se anime a retomar la senda de su amo. Que sea capaz de discurrir con tan sosegadas razones como esta: "—Sabed, buen hombre, que vuestra lengua y la mía fluyen como dos ríos paralelos que nunca se juntarán en ningún punto de su orilla y que por mucho que dialoguemos no llegaremos a entendimiento alguno."

    Es precioso. Me ha encantado y me lo he bebido, que no leído, en un suspiro, casi con la misma intensidad con la que he leído siempre El Quijote original. Lo único que no ha terminado de convencerme, y eso me pasa en todo texto, es la metaliteratura. Que Cervantes aparezca en el mismo texto para entablar conversación con su personaje. Si al menos hubiera sido Cide Hamete Benengeli...

    Los novelistas brutos están llevándote a otro nivel. Me alegro mucho.

    Besos,
    Isma

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    1. Gracias Isma. La verdad es que tengo que esforzarme muchisimo para estar a la altura de esos brutos que de brutos tienen muy poco. Me alegro de que te guste En cuanto a la aparición de Cervantes, pues la verdad es que he aprovechado el homenaje a Cervantes para hacerle otro a mi adorado Unamuno.

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  4. Toda muestra de originalidad, frescura, y el gran menejo del humor está plasmada en en este cuento que enviaste al ejercicio. Es un texto largo que se hace corto, y se debe a tu manera de contar.
    Gracias por estar siempre.
    Saludos.

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    1. ¿Te olvidaste de agregar el título o lo quitaste a propósito?

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  5. Uf, me olvidé. Ahora lo arreglo. Gracias.

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  6. Impresionante Ángela! Creo que has hecho un relato de un formato muy complicado, pero has consolidado una historia muy intersante. Enhorabuena!!

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  7. Os diré, tierno efebo, que fácil no fue, mas si muy placentero. Con Dios quedéis y Olé. Un abrazo, Barri.

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    1. Oye.. Me han dicho que te has volatilizado, espero que mis fuentes me engañen...

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    2. ¿Volatilizado? ¿De dónde, Barri?

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