domingo, 7 de mayo de 2017

Ya sé que esta entrada es repetida, pero no se me ocurre nada mejor en un dia como hoy. Vaya por todas. Y para la mía, que hace tiempo que se fue y pese a los errores que pudo haber cometido, con el tiempo he entendido muchas cosas.





Como grandes árboles


Cuando tienes un hijo nadie te cuenta que pasarás a ser como una farmacia de guardia abierta las veinticuatro horas del día. Nadie te advierte que algunas noches las pasarás sentada con la espalda apoyada en la puerta de su cuarto, como un perro vigilante, para espantar al gusano que se instala en su cabeza. Nadie te avisa de que la puerta de la calle ya no será ese lugar por donde salen de fiesta, sino ese lugar por donde te mueres por verlos entrar de nuevo. Ni que el teléfono se convertirá en un bicho venenoso que puede sonar a las tres de la mañana para decirte que les han hecho daño. Cuando firmas el contrato de maternidad parece más fácil. Sólo hay un piececito pequeño y minúsculo que te llevas a los labios. Un piececito que ha salido de dentro de ti,  de tu sangre y de tus tripas.
Nadie te cuenta que un día te preguntarán porqué todo sale mal y no encontrarás palabras de alivio para reconfortarlos. No te preparan para ver sus lágrimas, ni su miedo, ni su rabia, ni su dolor.
Ni su decepción.
Nadie te prepara para saber cómo sujetar las tuyas, porque no toca, porque no debes. Porque uno se convierte en un árbol fuerte de largas y sólidas ramas que sólo existe ya para darles cobijo y sombra. Y los árboles fuertes no lloran.
Y nadie te advierte que un día, de tanto guardar tus lágrimas, se desbordarán por dentro de tu cuerpo y te anegarán el alma de tal manera que escucharás por dentro los borbotones y sentirás todo tu cuerpo lleno de agua que no sabe ni encuentra por donde salir.


...




9 comentarios:

  1. Oh qué belleza Angela!He recordado en un instante todo lo vivido como hija, todo lo vivido como madre! Gracias por este regalo! Besazos!

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    1. Eres un sol, lunilla. Otro abrazo enorme para ti.

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  2. Jo....

    No conocí a tu madre, pero como mínimo hizo una cosa maravillosa...

    Beso.

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    1. Eres un encanto, torillo. Se te quiere, que lo sepas.

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  3. Precioso regalo en este día.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Rafael. Otro abrazo fuerte para ti.

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  4. Ay, Ángela, hermoso, realmente me conmueve. Me identifico mucho con tu experiencia. Aunque Fabrizio recién tiene 4 años y todavía me queda un largo camino por descubrir a su lado, ya sus lágrimas de niño, me hacen temblar. Nadie está preparado para atravesar la tarea más delicada y difícil que hay en la vida; la de ser padres. Es también, sin lugar a dudas, lo más grandioso que se nos puede conceder. Un desconocido privilegio para aquellos a los que no se les da.

    Yo, árbol-madre, sigo siendo vulnerable. Y todavía lloro. Pero confío que al mostrarme humana ante mi hijo, voy por buen camino.
    También estoy contenta y agradecida de haberte encontrado!!
    Un gran abrazo,
    Alejandra
    _
    https://lupadelviajero.blogspot.nl/

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