domingo, 29 de octubre de 2017

No es tan dificil

El sofá es verde. La persiana está bajada como a la mitad y el sol de la media tarde se derrama por las baldosas pulcras. La mujer lleva zapatillas de andar por casa. El hombre reposa los pies en un coqueto taburete.  La mujer le mira los calcetines de reojo.
-Deberias tirarlos.
El hombre mira el agujero del calcetín sin detenerse casi y se encoge de hombros. No la mira. En la tele dan un capitulo de una serie que le gusta mucho.  La mujer mira la pantalla. Reyes, reinas, amantes, torreones, la luna, sangre, caballos, espadas. Una escena de sexo. Sexo del bueno. Una pareja desnuda folla al lado de una hoguera. El resplandor de las llamas aviva la blancura del vientre desnudo. El amante la mira con deseo y hunde la cabeza entre las piernas de ella, que gime cerrando los ojos y mordiéndose los labios. La mujer del sofá verde mira al marido de reojo. Está completamente absorto. Si le contara de pronto que los miércoles se ve con el ayudante del tendero, ese chico marroquí con los ojos del color de las aceitunas, alto como un  abedul, seguro que le diría “ajá, haces bien querida, distraerse es bueno”. Si al menos hubieran tenido hijos. La mujer mira la calle. Es domingo. La plaza está medio desierta. Supone que los parroquianos deben andar aun echando la siesta. Un perro bebe agua de la fuente. En otro lado del parque un viejo se acerca despacio hasta un banco. Está solo. Sí, la mujer del sofá verde cree firmemente que ese anciano está solo. De pronto piensa que tal vez no esté solo del todo, quiere pensar que alguna hija le llama por teléfono o tal vez al menos le piensa de vez en cuando. Si un hijo deja de pensar a un padre a este acaba por rompersele el corazón. Bueno, eso supone la mujer del sofá. Ella no tiene hijos. Los días fueron pasando uno tras otro mientras ella miraba a su marido y su marido la miraba a ella. Tal vez si lo hubieran hablado, tal vez si tomados de la mano hubieran ido juntos al doctor.
Un anciano se ha acercado al otro anciano. Uno en una esquina y el otro en la otra. No se miran, aunque los dos se saben casi muertos. La mujer del sofá piensa que tal vez podrían hablar entre ellos. Hola. Hola. Nunca le vi por aquí. Es que vengo poco.  Pero ninguno de los dos habla. La mujer los observa. Cabe la posibilidad de que uno de ellos extraiga un pitillo con sus manos llenas de nudos y le ofrezca al otro. Vamos, no es tan complicado.  La mujer desea que uno le pregunte al otro si es que no tiene hijos y si es que los tiene cómo es que está sentado en un banco solitario. La vida, le respondería el otro. Se hacen mayores y la vejez se vuelve un espejo y los espejos se vuelven recordatorios molestos.
El viejo que llegó primero se levanta y se va alejando despacio, arrastrando los pies. El otro lo mira mientras se aleja. Parece que en sus ojos haya una promesa de charla. Otro dia. Hoy es pronto. Demasiada soledad para contarla en un rato.



8 comentarios:

  1. Desolador paisaje. No sé qué me ha calado más, si la fría monotonía y desidia instalada en la pareja (error pensar que teniendo hijos eso no hubiese ocurrido) o esos ancianos solos sentados en un banco esperando la muerte.
    No hay peor soledad que la acompañada.
    Genial, ojazos

    Besazos.

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    1. Uno puede sentirme muy solo rodeado de mil personas. Uno puede sentirse acompañado en la soledad de un banco, con la única compañía de un libro. Yo soy del segundo grupo.

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  2. No lo dudes.
    Estamos solos.
    Solísimos.
    Para disimularlo intercambiamos y pactamos compañías temporales pero eso es simplemente un decorado.
    Solos.

    Besos.

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  3. ¿Por qué tanta gente le teme a la soledad? ¿O será que la sociedad teme a los solitarios que nada necesitan de ella?

    Saludos,

    J.

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  4. La soledad impregna este pequeño texto en las frases cortas y directas. El rollo es que hay soledad que alimenta y soledad que cansa. La soledad de la incomunicación es del segundo tipo.

    Besos, gatísima.
    Isma

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  5. A mí me gusta la soledad, disfruto de ella. No es difícil nada si uno se propone hacer.
    Saludos.

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  6. Leerte es lanzarse al vacío,nunca sabes con qué te vas a encontrar. Y ese vértigo,es adictivo Angela!
    Besazo!

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