domingo, 3 de diciembre de 2017

La corriente



Escenificaba un árbol frondoso. Era alta y morena, huesuda, hermosa. Mantenía las palmas levantadas al cielo y la mirada fija en un punto invisible, por aquello de mantener el equilibrio. Quise pararme con el solo propósito de echar algo de plata dentro de su sombrero. Pensé que si lo hacía, ella desviaría los ojos nocturnos de ese punto anclador y tal vez consolara mi corazón. Sí, quise pararme y lo hice durante un segundo. Pero la masa, ciega, conforme, me empujó por la espalda con sus palmas que formaban todas juntas una ola sin retorno. La miré sin poder detenerme, prometiéndole sin palabras, que daría la vuelta a la manzana, que volvería, que tal vez si la masa me lo permitía podría yo dejarle unas monedas y tal vez ella podría deshacerse de sus raíces y platicar conmigo sobre qué se siente al huir del suelo. Si, arrastrado por la masa conforme,  la vi alejarse y hacerse pequeña. Un escaparate de lámparas, uno de artículos de cocina, un bar vegano, una sombrerería del siglo pasado, un puticlub. 



11 comentarios:

  1. Me encanta leerte, unas veces en silencio y otras como ahora... aplaudiendo tu maravillosa forma de expresar. Un micro que desmonta toda una imaginación.

    Abrazo apretado, amiga mía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, hermosa. Vengo de tu casa, y me traigo los ojos llenos de estrellas, por tu culpa.

      Eliminar
  2. Oh Angela! qué relatazo! Como dice Auro, que preciosa tu manera de escribir! Bellísimo y desolador..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, belleza, por andar siempre por aquí. A ver si este año que entra me sacudo esta tonta pereza y me pongo a escribir un poco en serio.

      Eliminar
  3. Para deshacerse de las raíces hay que poder volar.

    Besos.

    En realidad sí lo consigues tú con las palabras.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé qué me pasa últimamente que tengo la boca como cerrada, pero tengo la esperanza de ir abriéndola poco a poco. Un dia de estos voy a volver a ser yo.

      Eliminar
  4. Me gusta ese diálogo interior, es muy cercano. Ojo con las tildes diacríticas, gata.

    Pero tu protagonista ya sabe qué es estar separada de sus raíces. La vida le empuja en una ola sin retorno. Quizás anhela, más bien, que la muchacha le recuerde lo que es tener un ancla firme. Si lo descubre me lo cuentas, ¿ok?

    Besos
    Isma

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Tildes diacríticas? Bah, el próximo te lo mando y tú me las pones. Y hablamos de anclas y de olas.

      Eliminar
  5. Es mucho más simple que todo eso. Al que adivine de lo que va le mando una carta de amor lujuriosa, de las que no se pueden mostrar.

    ResponderEliminar
  6. Prozac, si pasas por aquí dale recuerdos a nuestro Toro salvaje, que a vuelto a poner el cartelito de "cerrado por ventolera" y he querido entrar a comentarle y a dejarle unos cuantos pinchos esparcidos -ya sabes cuánto le odio-, pero no ha habido manera. He probado a hacerle señales de humo, pero lo único que he conseguido es hacer toser a mis gatos.

    ResponderEliminar
  7. Ay, ay, ay, si yo sé de esa masa que empuja...
    Excelente, Ángela.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Soy de Barcelona, la ciudad más bonita del mundo.

Calafateando

Venía el amanecer oliendo a lluvia desde hacía mucho rato. Cuando Pedro puso los pies en el interior del hogar, las primeras gotas rab...