martes, 30 de enero de 2018

De baja estofa



Ese día el monarca se despertó sintiéndose muy humilde. Habiase visto en un sueño nebuloso repartiendo panes a su pueblo. Cubriéndose las vergüenzas reales con una bata de seda florentina le dijo a la reina que ese día prescindirían del servicio y procederían como una familia cualquiera. La reina dijo que bueno, que claro, que su majestad era admirable. ¡Hay que ver qué grandeza de espíritu tiene este hombre! Cocinaré lentejas, comunicole al monarca, que es comida sana y sencilla. Este, conmovido por la elección del plato universal y socorrido, le dio el visto bueno. Que así sea, mi reina, las comeremos a la luz de las arañas del siglo XVIII, para que su luz ancestral resalte el tono marrón del manjar humilde. Chorizo no le añadas, que siempre hay quien le ve doble sentido a todo y además es un embutido reincidente. Adornada la mesa del soleado comedor real, encendida la gran araña y bendecida la vianda universal, el monarca se sentó con su familia. La reina sirviole agua, no fuera a ser que el subditaje le pensase bebedor, a las princesas también, que no hay nada mejor ni más sano para acompañar un plato energético que el oro blanco, que sale de los grifos de todo el pueblo. Las niñas, que no habían soñado esa noche con panes ni pobres, removieron la vianda con elegante repelús y clara perplejidad. La más osada preguntó, dejando la cuchara oropelada apoyada en la vajilla de Luis XIV, si había que comerlas o cabía la posibilidad de dejarlas, pues lentejas eran al fin y al cabo. La reina, mirando las cámaras testificadoras de la comida familiar,  tosió cubriéndose la boca con un fino pañuelo de lino y calló. El rey miró a la niña con infinito cariño y acariciándole los largos cabellos dorados le dijo: sopla hija mía, sopla y come. El hombre de la cámara enjugó una lágrima.






10 comentarios:

  1. Me pareció patético lo que hicieron.
    Para mí que no están bien del coco...

    Tu relato es magistral.

    Besos.

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    1. Si que están bien del coco, los tontos somos nosotros jajaja un beso, poeta. Y no sufras, que tienes a Caliope enamorada de ti.

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  2. Y ojalá hubiera sido como tu relato, por lo menos habríamos leído y visto algo de calidad y buen hacer...
    Ciñéndome a tu texto, como siempre Angela, logras que tu impronta brille en cada relato. De una manera u otra, escribiendo desde el dolor,el miedo o el sarcasmo,pero,eres siempre tú.
    Un inmenso abrazo y un besote bien gordote!

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    1. Pues mejor aún que la cena fue el discursito a propósito de la medallita de oro de la princesa. Humildad, sacrificio y esas cosas. Un abrazo, luni. Estuve pendiente de esa luna roja, pero no la vi.

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  3. Vaya zasca monárquico que te has montado, jeje.
    Ya sabes que María Antonieta se hizo construir una granja en Versalles para jugar a los campesinos. Un abrazo.

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    1. ¿En serio? No sabía yo sobre esa excentricidad de María Antonieta, procedo a buscarlo. ¡Qué bueno jeje! En fin, cualquier dia de estos el monarca se vuelve a levantar humilde y se nos va a una obra a poner ladrillos. Qué despertares tiene este hombre :)

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  4. Ácido y entretenido. Voces como la tuya son necesarias para estos tiempos de vergüenza que corremos.

    Besos
    Isma

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  5. He intentado ser elegante y me he mordido mucho la lengua, que no quiero acabar con mis tatuados muslitos en la trena.:) Gracias, Isma.

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  6. Me gusta más cómo lo has relatado tú, que como nos lo querían vender.

    Un abrazo de los gordos, ni niña.

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  7. Me quedo con ese abrazo y me alegro de verte de nuevo por aquí, preciosa.

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Soy de Barcelona, la ciudad más bonita del mundo.

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