miércoles, 21 de febrero de 2018

Absueltos



(Podéis leerlo o escucharlo, lo que os plazca. Minuto trece)

Hasta que cantó el pájaro los días y las noches habían sido iguales. Y lo hizo alegre. Comenzó con una suerte de gorjeo afónico. Aclaró la garganta y lo intentó de nuevo. Salió más brillante y más continuo. Fortalecido y animado voló hasta una higuera y allí, orientando el pico hasta ese sol que nacía de nuevo, entonó una melodía fuerte y colosal.
Del árbol adormecido brotaron higos y flores y esas mismas flores brotaron en los demás y vinieron más pájaros y su canto consensuado alborotó las aguas del mar.  Con la vibración del mar las ballenas despegaronse aturdidas del fondo abisal y subieron a la superficie, oteando la lejanía. No vieron ya arpones, ni gritos, ni garras, ni ojos dilatados de codicia. Y no viendo lo antes mencionado una se lo dijo a la otra y la otra a la de más allá y el mensaje llegó a los mares más lejanos, allá donde el mundo acaba.
Con el canto de los gigantes marinos se despertaron los borregos en la tierra, que yacían en silencio con el último bocado aún en la boca sin masticar. Pasó lo que pasó y no dio tiempo. Abrieron los ojos aletargados y oyeron distintos cantos enmarcados en un silencio nunca oído. Ya de pie vieron que no había pastor, ni senderos, ni garrote, ni pautas, ni sentencias y se regocijaron absueltos. Balaron libres y  esta suerte de himno lo oyeron los caballos, sumidos en un estado de piedra. La piedra de los caballos se quebró seca y cayó cuarteada dejando a la vista los lomos marrones, lomos negros y lustrosos, blancos y espejeantes. Relincharon al unísono viendo que tenían para ellos las llanuras verdes con el mar de fondo. Un mar cobalto con barcos fantasmas. Nadie al timón. Nadie en los faros. Nadie esperando en la orilla.
En otro lugar, en otros lugares, en todos los lugares las televisiones hablaban sin un público que echarse a la boca. Los discursos rebotaban contra las paredes del silencio. Las sillas vacías. Los lechos deshechos. Los coches atravesados. Las tazas de las cafeterías sin lavar. La propina sin recoger.

Fue un caballo alazán el primero en galopar por la avenida ancha. Rojo, amarillo, verde. Siempre verde ya. Al sonido de sus cascos llegaron otros. Ese fue el primer día de todos en los que solo se escuchó, al amanecer, el canto de un jilguero.









16 comentarios:

  1. Muy chulo. Lo he oído y también lo he leído, porque la voz del narrador la escuchaba muy baja. Me ha gustado de las dos formas. Cómo cambia un relato con la voz humana, ¿verdad?

    Besos
    Isma

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  2. Gracias, gigante. Sí, escucharlo mola mucho. Un besazo.

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  3. Pobre hombre, qué trabajo más poco agradecido...

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  4. Te felicito preciosa mía... pero qué maravilla de relato!! Lo he leído, prefiero ir repitiendo las frases y también al comprobar que no era tu voz...
    Me ha encantado!!!

    Un abrazo gordo que te cruja toda.

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    1. Anda, quita, quita, que tengo una voz muy fea como de grillo torturado. A mi me gusta como ha quedado, tal vez un poco bajo el tono. A ver si algún dia nos podemos dar ese abrazo de verdad.

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  5. Una maravilla de relato. Prefiero siempre leer, pero al ser cortito, he disfrutado también escuchándolo en esta ocasión.
    Besotes!!!

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    1. A mi recitado me parece precioso. Gracias, Marga. Un abrazo.

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  6. Precioso relato, no lo he oído solo leído, si hubiese sido con tu voz seguramente lo hubiese oído también por aquello del morbo que da oír a un grillo torturado, jajajajaja.

    Una vez más chapeau!!!!
    Besos, ojazos

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    1. Carajo, te echaba de menos. Pensé que habías encontrado otros ojos y ya me planteaba un cambio de color, tal vez del verde insolente a un verde más lovecraftiano o más calmado o más insondable, qué sé yo. Que morbosos sois. En fin, igual un dia de estos os regalo ese chirrido agónico que es mi voz, pero advierto que parece un sonido venido de las tripas podridas de la tierra. Casi casi como el sonido de Gregorio Samsa, ese amanecer. Oye, que un beso, Pro.

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    2. A veces me encanta perderme, solo por el placer y la alegria que me da encontrarme jajajaj.

      Deja tu verde insolente que vale un potosí ;)

      Un beso, ojazos.

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  7. Leído y escuchado, dos placeres en uno.

    Saludos.

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    1. Pitt, cuánto tiempo, me alegra mucho verte por aquí. Muchísimas gracias.

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  8. Qué maravilla! Me sentía tan libre leyéndote! Qué gustazo leerte! ahora te voy a escuchar! MUACKSSSS eres grande niña!

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  9. Un metro y medio, poco más, preciosa. Milquinientos besos.

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