lunes, 4 de junio de 2018

Constelaciones




No sé cómo acabamos en aquel viejo hotel ignoto rodeado de gatos negros, que parecían azules bajo una luna anaranjada y perfecta. Casi no entiendo cómo me dejó compartir con ella aquella bañera con forma de concha de mar. No sé cómo pude convencerla de que me dejara enjabonar su tierna espalda de gorrión y casi no entiendo cómo pudo mi mano conformarse durante tanto tiempo con dibujar vórtices de espuma en aquel cielo blanco, constelado de pecas doradas. Entiendo aún menos que luego ella me pidiera que le aclarase con agua cristalina los pechos de mandarina y se escapa a mi cordura que me tomase la mano y la llevara al interior de sus muslos espumados, guiando con sus dedos de paloma los míos, ávidos y temblorosos, hasta el tierno, húmedo, entreabierto, ofrecido, codiciado y rosado detonador. Fuera, bajo la noche estrellada, una colonia de gatos de colores imposibles interpretaba una melodía desencadenada bajo una luna hierática.



El cuadro es de Egon Schiele.

Soy de Barcelona, la ciudad más bonita del mundo.

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Venía el amanecer oliendo a lluvia desde hacía mucho rato. Cuando Pedro puso los pies en el interior del hogar, las primeras gotas rab...