jueves, 13 de septiembre de 2018

Volver y volver


Con este micro he quedado dos veces finalista, la primera vez en un taller de escritura creativa y la segunda en Academia para escritores, uno de esos lugares dónde el premio gordo es un curso de escritura y para los finalistas un título y unos libros digitales de esos que yo no sé cómo carajo bajar con mis deditos torpes para la informática. Pero hacer ilusión la hace, sobre todo porque se presenta ciento y la madre.




Volver

—Pero hombre, ¿qué hace en mitad de la curva? ¿Hacia dónde va, amigo?
—Vuelvo a Luvina —dijo el joven de la maleta.
—¡A Luvina! ¿Y por qué demonios quiere ir a ese lugar? Allí no hay nada. Por no haber no hay ni aire. No encontrará ninguna fonda, no verá a nadie por las calles y cuando llegue la noche solo le quedará la vieja iglesia. Y ni santo hay al que rezar.
—No me dice nada nuevo —dijo el joven.
—No encontrará armario para colgar la ropa. Suerte tendrá si las viejas de negro le dan un poco de agua. Joven, elija otro lugar donde haya mujeres bonitas y los perros tengan a quien ladrarle. Es el consejo de un viejo. Allí solo hay silencio y nubes negras.
—No puedo faltar. Voy a un entierro.
—Siempre puede uno faltar  —exclamó el hombre sonriendo.
—Yo no: soy el muerto.





Soy de Barcelona, la ciudad más bonita del mundo.

Calafateando

Venía el amanecer oliendo a lluvia desde hacía mucho rato. Cuando Pedro puso los pies en el interior del hogar, las primeras gotas rab...